La música y las nubes
La música nos proporciona conocimiento, nos ofrece información sobre lo real / l.o.
Leyendo nubes. Es lo que estoy haciendo en este preciso instante en un plácido domingo, tumbado a la bartola como un aprendiz de lagarto en la Costa del Sol. No son ‘Las nubes’ del comediógrafo griego Aristófanes las que leo con avidez en la Atenas del siglo V antes de nuestra era. Aristófanes nos legó, entre otras cosas, la receta en su ‘Lisístrata’ para acabar con los odiosos conflictos bélicos: la huelga de sexo. No pretendo destripar el pensamiento incisivo, cual tábano, del feo Sócrates, bajo la acusación de construir argumentos falaces y vivir en las nubes, sin prestar el debido respeto a los dioses de la ciudad como haría el impío.
No soy un vulgar corruptor de la juventud de la lista Epstein ni hago alarde de relativismo moral, ajeno a la saludable universalidad de las virtudes que predicara el viejo Aristóteles, entre otros. Esto último nos vendría tan ricamente, como un buen consomé con unas hojitas de hierbabuena, en tiempos tan tormentosos surcados por fálicos misiles e inquietantes drones con aspecto de juguete para niños ricos. Mi lectura tiene que ver con la música y, en gran medida, con la pretensión de Galileo Galilei de descifrar los caracteres matemáticos en los que está escrito el libro de la naturaleza.
Y mi intención no es hablar ni de física ni de meteoros, de predecir el tiempo. Tiene que ver con vivir ‘a tiempo’, en el límite, haciendo uso de una razón fronteriza, como diría el filósofo español Eugenio Trias Sagnier (1942-2013). Este último es el autor de un libro admirable sobre filosofía de la música y que contiene veintitrés ensayos muy cuidados, como el mejor de los cavas: ‘El canto de las sirenas. Argumentos musicales’ (Barcelona, 2007), que me servirá de hilo conductor. Trias defiende en este voluminoso escrito el valor de la música como una excelente forma de «gnosis sensorial», en terminología medieval, siguiendo el rastro epistemológico de Friedrich Nietzsche,........
