El hombre de las tres des
Víctor de Aldama. / e.p.
El descrédito de la justicia no procede de sus críticos sino de los motivos que generan las críticas. El pueblo no deja de creer en la justicia por lo que se dice de ella sino por lo que hacen quienes propician esos análisis, muchas veces irrebatibles. Resulta muy poco democrático decir que no se debe criticar a los jueces. ¿Son infalibles? ¿Son por naturaleza honestos? Más bien diría que lo democrático es criticar a los jueces. De manera rigurosa, claro está. ¿No se puede criticar al ejecutivo y al legislativo? ¿No se los critica de manera feroz? Incluidos los jueces que, por ejemplo, se manifestaron contra la ley de amnistía.
Se puede (y se debe) criticar que unos hechos se juzguen y otros de mayor gravedad se queden sin juzgar; se puede (y se debe) criticar el manejo de los tiempos, cuando hay prisa para iniciar el proceso de unos casos mientras otros se eternizan o avanzan al paso de las tortugas; se puede (y se debe) criticar que la instrucción de unos casos sea extremadamente rigurosa y en otros sea una ridícula chapuza; se puede (y se debe) criticar que las medidas cautelares sean duras para unos y blandas para otros; se puede (y se debe) criticar que unas sentencias estén construidas con pruebas fehacientes y rigurosamente redactadas y otras no tengan fundamento alguno; se puede (y se debe) criticar que la pena sea en unos casos máxima y en otros mucho más indulgente.
Y cuando en estas seis dimensiones la actuación de la justicia se produzca de forma casi automática en contra o a favor de los mismos cabe deducir que hay un sesgo inadmisible, una actuación parcial, una actitud deliberada de beneficiar a unos y de perjudicar a otros. Y es lo que está sucediendo con la justicia en nuestro país. Lo sabe muy bien la izquierda.
Víctor de Aldama es el hombre de las tres des. La primera de es la del verbo delinquir. De hecho él fue el número uno de la trama, aunque pretendió endosarle (sin prueba alguna) ese número a quien considera su enemigo número uno. Según sus palabras, Sánchez era el número 1, de él dependían jerárquicamente el 2 y el 3 (Ábalos y Koldo) y él asumía un modesto número 4, la pieza más débil de la trama. Y........
