Vestir bien en política
Mariano Rajoy paseando por Torrent (Valencia). / efe
Comentan en una tertulia televisiva a la que llego tarde unas declaraciones de Rajoy, no sé de cuándo ni a cuento de qué, en las que el expresidente decía que en política cada vez se viste peor. Lo estaban poniendo verde, pero yo creo que llevaba razón. Y que es un fenómeno transversal. Hablemos del territorio masculino: nótese que ahora ir de punta en blanco para dar un mitin o una rueda de prensa o acudir a un plató es llevar unos vaqueros gastados, una camisa lisa azul o blanca, barata, y una americana sin hombros muy pronunciados. Valen zapatillas de deporte algo raídas. Así van hasta los de Bildu, que parecen, por la indumentaria, de Ciudadanos. Así van los del PSOE y así van los del PP y también los de izquierdas. Al menos los de Izquierda Unida. De Podemos, antaño elegantemente desastrados, solo vemos ahora a Iglesias, que promociona unos polos, y a Pablo Fernández, secretario de organización, que no se sale mucho de la norma descrita líneas más arriba y que se adorna con un pelazo largo y rubio. La cosa es dar sensación de cercanía, cuando en realidad a veces se da de poca originalidad.
Se han autoimpuesto un uniforme. Si a la hora de solucionar el problema de la vivienda son todos iguales (de nulos) y a la hora de vestir son todos iguales, el elector puede entrar en pronta perplejidad. O salir corriendo a las Rebajas para diferenciarse. La corbata está siendo incluso en el Congreso un anacronismo. Se empieza dejando la corbata a la derecha y se acaba no teniendo grupo parlamentario.
Vestir bien es un respeto a los demás y a uno mismo, un talante, una vocación de elegancia. También algo subjetivo. No hace falta ir de esmoquin. El que crea que vestir bien es propio de una clase social es que no tiene clase. Vestir bien es llevar con garbo una simple camiseta y unos pantalones de color que no hagan daño a la vista.
Todo lo que acabo de escribir puede ser enmendado o puesto en cuestión. Con elegancia. Mariano Rajoy lo tenía fácil: siempre traje. Un hombre previsible. Sabía lo que se esperaba de él y por eso tenía cien corbatas.
