Persiguiendo nuevos retos
Melanie Klein fue una psicoanalista austríaca-británica cuya obra me interesa mucho. Dedicó buena parte de su trabajo a estudiar la envidia y vio en ella algo bastante menos superficial que el deseo de poseer lo que tiene otro. La envidia aparece cuando contemplamos algo bueno que está en manos ajenas y no soportamos que otro lo disfrute. Puede haber deseo, sí, pero también rivalidad y, en sus formas más destructivas, el impulso de estropear aquello que admiramos. La frontera entre la envidia y la ambición es mucho menos limpia de lo que nos gusta pensar. Si miro hacia arriba y pienso «quiero llegar ahí», lo llamamos ambición. Pero si miro hacia arriba y pienso «no soporto que ella esté ahí», lo llamamos envidia.
Lo primero que a mí me da envidia es la libertad despreocupada. Todas esas personas que hacen lo que quieren sin someter cada decisión a un examen interno. No necesariamente porque tengan más libertad objetiva que yo, sino porque parecen vivir con una ligereza que a mí me cuesta mucho. Alguien que dice «me voy», y se va. Que no quiere algo, y no lo hace. Que quiere estar sola, y no da explicaciones. Que fracasa, y sigue adelante. Me abruma el peso que tiene mi mente ante la libertad sin tanta reflexión. Valoro........
