La sangre es lo que cuenta
El niño pintor. / l.o.
«Tú nunca vayas sola si no quieres que te pase lo que al niño pintor», lapidaria. Pánico era lo que me entraba por el cuerpo de soltarle la mano a mi abuela Mati cuando íbamos al mercadillo de Huelin los sábados por la mañana. No era su intención, pero se me quedaba grabada cada palabra por el tremor con el que eran pronunciadas. Su mano agarrando la mía con fuerza, arrimándome el brazo a su costado. Metiéndome el miedo en las venas a plena luz del día.
Me interesé gradualmente por la violencia. Las reacciones de las mujeres de mi familia eran muchísimo más expresivas con los crímenes pasionales que con el informativo del mediodía. Había más conversación cada vez que se cometía un nuevo asesinato y el escándalo y la morbosidad campaban a sus anchas en la mesa del comedor. No era solo la curiosidad obscena del olor a sangre, sino el pavor de comprobar que los horrores que sí podemos imaginar se puedan materializar. La sospecha de la cerrazón de las vísceras y las tripas llevando el timón de una persona, muchas veces, de un hombre. Escucharlas me daba el mismo miedo que cuando me asomaba a la........
