Madrid, el "infierno" de la vivienda que está echando a los jóvenes asturianos: "Cobro por encima de la media y no puedo comprar un piso"
Madrid, el "infierno" de la vivienda que está echando a los jóvenes asturianos: "Cobro por encima de la media y no puedo comprar un piso"
El encarecimiento de los alquileres y la dificultad para acceder a la compra de una vivienda en Madrid han provocado que muchos jóvenes asturianos, con empleos estables, regresen a su tierra natal
La venta de vivienda usada marca un nuevo récord histórico en Oviedo / LNE
Muchos asturianos residentes en la capital se están yendo de Madrid para volver al Principado.
No hay una huida en masa, no se trata de una estampida, pero sí de un cambio demográfico y una evidente inversión de tendencia que se demuestra poniendo los datos encima de la mesa: entre 2020 y 2024 más de 10.000 personas cambiaron Madrid por Asturias.
La mayoría de ellos son asturianos de nacimiento. El saldo migratorio entre esos años, tras la pandemia, es positivo para el Principado, modificando una tendencia presente desde 2009 y consolidada durante décadas, cuando el flujo era en sentido contrario, hacia la capital.
Los jóvenes asturianos siguen teniendo en Madrid su principal caladero laboral, pero ahora hacen también el movimiento inverso: regresan.
No se trata solo de una cuestión coyuntural, sino de un cambio en las prioridades. Si durante años Madrid representaba la oportunidad —empleo, proyección profesional, salarios más altos—, ahora cada vez más jóvenes empiezan a cuestionar si ese salto compensa el coste de vida que exige la capital.
¿Por qué lo hacen? Todos los focos apuntan hacia un factor principal: el elevadísimo precio de la vivienda, íntimamente ligado a la calidad de vida, que en Asturias muchos consideran más alta.
“Es un infierno”, coinciden los consultados para este reportaje, todos ellos jóvenes asturianos en Madrid, que rondan la treintena, con empleo estable pero atrapados en un mercado inmobiliario que dificulta cualquier proyecto vital a medio plazo.
Los problemas para acceder a la vivienda no son nuevos, pero sí se han intensificado en los últimos años hasta convertirse en una barrera casi infranqueable.
El alquiler absorbe buena parte de los ingresos y la compra se aleja cada vez más, especialmente por el obstáculo inicial: la entrada requerida para hacerse con un piso en propiedad.
El problema de la vivienda no es exclusivo de Madrid, sino una realidad común en toda España, pero sí mucho más intenso en la capital. En Asturias, el precio medio del metro cuadrado superó en febrero los 1.700 euros; en Madrid ronda los 4.700. La diferencia supera los 3.000 euros.
Esa brecha no solo se traduce en cifras, sino en expectativas completamente distintas. Mientras en Asturias la compra sigue siendo, con esfuerzo, una opción alcanzable para una parte importante de la población joven, en Madrid se ha convertido en un objetivo lejano, casi teórico, incluso para quienes cuentan con estabilidad laboral.
“El problema principal de la vivienda en Madrid es la entrada si quieres comprar y, por supuesto, el altísimo precio de la hipoteca”, resume uno de los entrevistados, ovetense en Madrid, que trabaja como ingeniero en una gran empresa y vive de alquiler.
En su caso, pone cifras concretas a una realidad que se repite: pisos que llegan a costar entre 600.000 y 700.000 euros en la periferia de la M-30, alejados del centro urbano, con dimensiones estándar para una familia, exigen desembolsos iniciales de entre 100.000 y 150.000 euros. “Eso difícilmente lo tiene ninguna persona, aunque tengas un gran puesto de trabajo”, añade.
La consecuencia es una distorsión que muchos jóvenes perciben con claridad: comprar no solo es inaccesible por la entrada, sino que tampoco resulta más ventajoso que alquilar, que en Madrid también está por las nubes.
Un estudio de una habitación y un baño puede superar los mil euros; en Asturias puede rondar los 500. “Cuando la cuota de la hipoteca es superior al alquiler de ese mismo piso, hay un desajuste evidente entre compra y alquiler”, explica el ovetense. Una situación que contrasta con lo que ocurría hasta hace poco en ciudades como Oviedo, donde la letra hipotecaria suele ser más baja que el arrendamiento mensual. “Eso es lo normal, porque tú ya estás asumiendo un desembolso inicial muy alto si quieres comprar”, sostiene.
A esa ecuación se suma otro factor que agrava aún más el acceso a la vivienda: las condiciones para alquilar. Este asturiano explica, además, su caso concreto para encontrar un piso en alquiler, siendo este otro de los grandes problemas: las altísimas exigencias para lograr vivir en régimen de arrendamiento.
“A mi novia y a mí, para alquilar, nos pidieron aval bancario para cubrir seis meses, que eran 10.000 euros. El contrato, además, va asociado a una obligatoriedad de cinco años y penalizaciones muy elevadas si decides irte antes de que acabe el contrato”, asegura. Para el ovetense, encontrar un aval bancario fue una ardua tarea: “Si no tienes contactos en bancos, creo que no lo podría haber logrado. Varios bancos me dijeron que no”, explica.
El acceso al alquiler, tradicionalmente considerado el primer paso hacia la emancipación, se ha convertido así en otro filtro más, con requisitos cada vez más exigentes que dejan fuera a muchos jóvenes o les obligan a depender de terceros.
Ese desequilibrio entre ingresos, precios y capacidad de ahorro se traduce en una sensación de estancamiento. Incluso quienes cuentan con empleos cualificados y salarios por encima de la media se ven atrapados en una especie de círculo vicioso.
Es el caso de una asturiana que ha mejorado laboralmente en los últimos años, pero sigue enfrentándose al problema de la vivienda. “Tengo un buen puesto de trabajo y un sueldo muy por encima de la media de la gente de mi edad, pero no puedo ahorrar lo suficiente para acceder a una vivienda”, cuenta. El motivo es claro: el alquiler absorbe buena parte de sus ingresos. “Es la pescadilla que se muerde la cola: no ahorras porque pagas mucho alquiler y no compras porque no ahorras”.
La presión es tal que el esfuerzo económico resulta desproporcionado incluso para perfiles con ingresos estables. “El 50% de tu sueldo se va prácticamente en alquiler”, señala.
Una situación que, en su caso, le ha llevado incluso a replantearse su permanencia en la capital y regresar a Asturias: “A veces te planteas, teniendo un buen trabajo, buscarte residencia en otro sitio para poder acceder a una vivienda”.
La frustración no tiene que ver solo con el presente, sino también con el futuro. La imposibilidad de ahorrar retrasa decisiones vitales y genera una sensación de incertidumbre permanente.
Una trayectoria similar describe otro asturiano que acumula más de quince años de vida laboral en Madrid, también en una gran empresa. Su experiencia refleja cómo el problema no se limita a los inicios profesionales, sino que se prolonga en el tiempo.
Tras la crisis de 2008, los salarios bajos le obligaron a compartir piso durante años. Más adelante, ya independizado con su pareja y con mejores ingresos, la situación no cambió de forma sustancial.
“Ahora tengo un sueldo por encima de la media y aun así no tengo capacidad de ahorro suficiente para reunir la entrada de un piso en un plazo razonable”, lamenta.
El diagnóstico, en su opinión, es estructural. “Los salarios han ido subiendo, pero no al mismo ritmo que el nivel de vida, y la pérdida de poder adquisitivo es evidente”, explica.
A ello se suma la presión de un mercado cada vez más tensionado. “La globalización permite que personas con sueldos mucho más altos accedan a viviendas aquí, lo que acaba generando una burbuja a la que cada vez menos gente puede acceder”.
El resultado, concluye, es un escenario en el que el alquiler no deja de subir y la capacidad de ahorro se reduce progresivamente. “Te ves obligado a pagar cada vez más por vivir y cada vez puedes guardar menos dinero”.
Esa sensación de bloqueo se repite también en quienes acaban de llegar a la capital. Hay casos distintos, pero que comparten la complejidad de la vivienda. “Me mudé de Asturias a Madrid en octubre de 2023 por trabajo y al principio me quedé en casa de un amigo mientras buscaba piso de alquiler. Me llamó la atención que viviendas que había mirado, y que costaban 800 euros, ya superaban los mil”, asegura una asturiana que ronda la treintena y que se dedica al marketing.
“Como no tenía antigüedad en ninguna empresa, ya que acababa de llegar, muchas inmobiliarias me ponían muchas pegas para alquilar. Me costó muchísimo encontrar piso y lo hice gracias a un casero joven que se apiadó de mí y de una amiga”, destaca.
Después, admite, tuvo la “suerte” de poder irse a un estudio sola, pagando 800 euros, un precio por debajo de lo que suele pagarse en Madrid. Esta asturiana define ese precio como un “chollo”, lo que ejemplifica la situación actual respecto a la vivienda.
La normalización de precios que hace apenas unos años se considerarían inasumibles es otra de las señales del cambio del mercado.
“No me veo comprando un piso en Madrid ni echando raíces por una mera cuestión económica. Apenas hay pisos en la ciudad con dos habitaciones y menos de 400.000 euros. En Asturias, con ese dinero, puedes encontrar muy buenos pisos. Pagar una entrada es una millonada y solo para afortunados”, lamenta. “Entiendo que la gente se vuelva a Asturias, formar aquí una familia es casi imposible”, añade.
Así, el debate sobre la vivienda trasciende lo económico y se adentra en lo vital. No se trata únicamente de pagar más o menos por un piso, sino de la posibilidad real de desarrollar un proyecto de vida.
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Porque, como resumen los testimonios recogidos, el problema no es solo el precio de la vivienda. Es la imposibilidad de construir un proyecto de vida. Y ahí, cada vez más, Madrid deja de ser una opción sostenible.
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