El Marciel, la espectacular "casa pastel" de Somao donde se unen el cielo y el mar
El legado en piedra de los indianos
El Marciel, la espectacular "casa pastel" de Somao donde se unen el cielo y el mar
Ha recibido diversos nombres según fueron cambiando sus propietarios, pero este sueño indiano que levantaron en 1910 los emigrantes en Cuba Jesús Solís y su esposa Herminia Valdés, mantiene prácticamente intacto su delicado exterior de inspiración francesa
El Marciel. Galería lateral. / Alfonso Suárez
Virginia Casielles, historiadora del arte y especialista en el fenómeno migratorio de los indianos, firma esta serie de artículos sobre la huella en piedra que dejaron en Asturias los emigrantes que triunfaron en América. Esta especialista contará periódicamente para "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA, la historia constructiva y familiar que tienen algunas de las más señeras casas de indianos que hay en la región. Virginia Casielles es autora del libro “Una saga de maestros de obra”, sobre la familia Posada Noriega, que edificó numerosas casa de este tipo en el Oriente, y también de “El pequeño indiano”, la exitosa versión infantil del libro anterior. También ha escrito la obra de teatro "Ana emigra", galardonada en el I premio "María Luisa Castellanos", de obras literarias vinculadas con la emigración.
El Chalet Solís, Villa Herminia o El Marciel ha tenido tantos nombres como dueños y su historia navega entre memorias de emigración y éxito, sociedades en comandita con reajustes de socios, supuestos engaños que condujeron a la ruina y grandes fiestas con invitados ilustres de la alta sociedad. Esa historia cambiante y las cuatro familias que la habitaron dejan como consecuencia que su interior, muy reformado, apenas conserve elementos originales.
Frente a esas transformaciones interiores, su exterior ha llegado hasta nosotros prácticamente intacto. Su delicada apariencia, de inspiración francesa, sigue definiendo la silueta de la casa y permite reconocer el espíritu con el que fue concebida. Los actuales propietarios han sabido preservar esa imagen, poniendo en valor no solo el edificio, sino también un patrimonio más difícil de conservar: el inmaterial, el que reside en respetar el legado del pasado y mantener viva su memoria.
Villa Herminia o El Marciel. / Alejandro Braña
Su primer episodio está ligado a Jesús Solís (1859-1941) y Herminia Valdés (1878-1955), quienes la levantaron para disfrutar de sus veranos. Jesús Solís, natural de Pravia, hijo de Rafael Solís y Benigna Marcos, emigró pronto a Cuba, donde se estableció en Caibarién. Tras los primeros años de duro trabajo fue ascendiendo en la sociedad del momento, llegando a ser vocal del casino y oficial de voluntarios de Caibarién en 1879. Sus viajes de ida y vuelta a Somao eran una constante y en uno de ellos, el 12 de septiembre de 1900, contrajo matrimonio con Herminia Valdés, con la que tuvo cinco hijos: Rafael, Francisco, Gabino, Benigna y Ana María. Jesús tenía 41 años y Herminia 22 en el momento de su boda, por lo que todo apunta a un enlace concertado para reforzar intereses familiares, pues Herminia era hermana de Encarnación Valdés, esposa de Gabino Álvarez, propietarios de la Casona, con quien Jesús Solís había iniciado su trayectoria en Cuba.
Sus comienzos en la isla, al amparo del Sr. Álvarez, fueron en la sociedad “Álvarez y Compañía”, disuelta también en 1900, coincidiendo con el regreso de don Gabino a Somao, donde pasó a figurar como socio comanditario. Tras esa disolución, Jesús Solís, junto a su convecino Fermín Martínez y los hermanos Marcos y Cosme del Pozo, creó “Martínez y Cía.”, activa hasta 1916. Ese año la empresa se reorganizó bajo la razón social “Valdés y Cía.”, dirigida por Benito Valdés, cuñado de Solís. Martínez figuraba como socio comanditario, residente en España, pero Jesús Solís desaparece de la nueva sociedad.
Entrada principal de El Marciel. / Alejandro Braña.
Su ausencia no es un detalle menor. La dirección del negocio quedó en manos de Benito Valdés y el señor Solís fuera del nuevo reparto societario. En ese punto sitúa la tradición local el conflicto que habría precipitado la ruina de este último.
La sucesión de sociedades que se crean y se disuelven dentro de un mismo círculo de paisanos y familiares muestra con claridad cómo funcionaban estas redes comerciales. En la mayoría de ocasiones, el negocio se apoyaba en vínculos de origen y parentesco, que facilitaban la inversión y la confianza y que luego culminaban con grandes obras filantrópicas en común, como fue el caso de las escuelas, la iglesia historicista y el cine de Somao, que se deben a Jesús Solís, Fermín Martínez y Encarnación Valdés. Pero en otras ocasiones podían generar conflictos cuando el equilibrio interno se rompía, caso de Jesús Solís y Benito Valdés.
En Caibarién regentaba Jesús Solís una sucursal de la tienda de tejidos habanera La Glorieta Cubana, en la que se vendían novedades y artículos de importación. La tienda de La Habana era propiedad de Ángel de los Heros Bernaldo de Quirós, otro asturiano natural de Avilés, muy activo en la sociedad de beneficencia cubana y que, al igual que los Solís, visitaba Asturias todos los veranos y, en invierno, una vez instalados en España, fijaron su residencia en Madrid.
Jesús Solís y Herminia Valdés. / Ignacio Sandoval De Las Heras
En ambas tiendas se vendía la moda que traían de Inglaterra, Francia, España y Berlín, pero, además, entre su oferta destacaban las llamadas “prendas de viaje”, un concepto aún poco habitual en el comercio textil del momento. Eran ropas pensadas específicamente para las travesías transatlánticas, diseñadas para proteger del frío durante la navegación. Esta especialización comercial nos habla de una realidad bien conocida por los emigrantes: el rigor climático del viaje y la necesidad de afrontarlo bien pertrechados.
Tras largos años de trabajo, como era habitual entre los indianos, los Solís Valdés prepararon su retorno a España y, aunque quedaron afincados en Madrid, era durante el verano cuando regresaban a Asturias. En esos meses la red de emigrantes, dispersa el resto del año, volvía a concentrarse y a hacerse visible.
Los retornados organizaban actos y homenajes que reforzaban los vínculos entre ambas orillas. Así ocurrió el 20 de agosto de 1908, cuando en Pravia se rindió homenaje al cirujano Manuel Bango León, director de la Clínica Covadonga de La Habana, uno de los sanatorios de referencia fundados por la colectividad asturiana, aprovechando su estancia estival en la villa. El acto, celebrado en el hotel Victoria, en su salón de “La Maravilla”, culminó con banquete, además de fiesta en el casino y en el parque, reuniendo tanto a autoridades como a buena parte de la sociedad local.
El Marciel poco después de su construcción. / Ignacio Sandoval De Las Heras.
En ese contexto de retornos estivales y presencia destacada en la vida social debe entenderse también la construcción del Chalet Solís o Villa Herminia, no solo como residencia de descanso, sino como expresión material de ese regreso. Así, en 1910 deciden levantar esta residencia a la altura de su nuevo estatus de emigrantes enriquecidos, bien posicionados entre la burguesía local y moviéndose en círculos de distinción y elegancia como el Real Automóvil Club. Se convirtió en un lugar pensado para recibir e invitar a su círculo durante las estancias veraniegas.
Villa Herminia es una arquitectura elegante y escenográfica, de volúmenes compactos y composición simétrica, con balcones y grandes galerías que aportan luz y movimiento. Su cubierta abuhardillada, con óculos circulares, y su coloración le confieren un aspecto delicado, casi comestible, como si se tratara de un pastel cuidadosamente glaseado que remite a la arquitectura de la burguesía francesa del momento. No es extraño, por tanto, que el recordado Alejandro Braña la definiera con gran acierto como la «casa pastel de Somao», un fraisier de fresa apetitosa, propio de una confitería parisina.
Pérgola del jardín donde se hacían bailes y recepciones. / Ignacio Sandoval De Las Heras.
Uno de sus rasgos más singulares es la disposición del acceso principal en una de las fachadas laterales y no en la fachada de representación, como suele ser habitual. Destaca también la doble galería continua en la fachada noroeste, concebida como solución de abrigo frente al fuerte viento y la lluvia. Este recurso dota al edificio de una marcada horizontalidad y genera un interesante plano continuo de madera y vidrio, en contraste con el carácter más afrancesado del resto de las fachadas. La presencia de esta gran galería introduce, además, un rasgo claramente asociado a la arquitectura indiana del norte de España.
Entrada principal El Marciel. / Alejandro Braña.
Villa Herminia fue lugar de disfrute. Sin embargo, la situación no tardó en cambiar. La tradición local sitúa el origen de ese giro en una figura clave de esta historia de emigración: Benito Valdés, hermano de Herminia, quien, al amparo de Jesús Solís, partió también a Cuba y aparece ya asentado en la documentación en 1909, primero como vocal y más tarde como secretario de la Sociedad de la Colonia Española.
En 1916 está al frente de la tienda de tejidos de su cuñado, ya bajo la razón social “Valdés y Co.”, junto a Alejandro Pire, sustituyendo a la anterior “Martínez y Co.”. Desde entonces su posición en los negocios se consolida. En 1920 figura entre los comerciantes con títulos amortizables en el Banco Internacional de Cuba y desarrolla actividad en el comercio del tabaco, además de actuar como almacenista de arroz y azúcar en el ingenio Fidencia, con exportación a Nueva York. Su trayectoria refleja un ascenso sostenido.
Tienda de Tejidos La Glorieta Cubana en Caibarién. / José Antonio Quintana García.
El 12 de septiembre de 1912, ya integrado en la burguesía cubana, contrae matrimonio con Laura Perera, perteneciente a una influyente familia de médicos, con quien tuvo una hija, María del Carmen, y otro hijo varón. La familia llevaba una vida desahogada, con coches de lujo, estancias en balnearios y presencia habitual en actos sociales. Buena muestra de ese posicionamiento fue la fiesta celebrada en honor a su sobrina política, Laura Yrazogui Perera, al obtener el título de “Miss Nestlé” de la provincia de Villa Clara. El acto reunió a buena parte de la sociedad local y sitúa a Benito Valdés en ese entorno de prestigio.
Su ascenso económico y social contrasta con la desaparición de Jesús Solís del entramado empresarial a partir de 1916. Todo apunta a una reordenación interna de los negocios que lo dejó al margen y debilitó de forma decisiva su posición. Las dificultades económicas no tardaron en hacerse visibles y, finalmente, los Solís se vieron obligados a dejar su casa de Madrid, cercana al Palacio Real, y trasladarse a Villa Herminia, debido a la imposibilidad de mantener ambas residencias. De esta última tuvieron que desprenderse en torno al año 1947, una vez fallecido Jesús en 1941.
Benito Valdés. / Ignacio Sandoval De Las Heras.
Quizás uno de los errores de Jesús Solís fue no invertir en nuevas empresas al regresar a su tierra natal, algo que en muchas ocasiones ocurría en entornos rurales y que podía marcar la diferencia entre mantener la prosperidad o depender de capitales externos. Al limitarse a utilizar únicamente el dinero que desde América le enviaba su cuñado Benito, por ser socio comanditario, perdió la oportunidad de diversificar sus negocios y consolidar su posición en España, lo que, a buen seguro, habría cambiado su destino económico.
Tras la venta, el nuevo propietario de la residencia fue Sandalio Pire Villar, natural de El Pito, en Cudillero, quien dio un nuevo despertar a la casa. El señor Pire, tras un periodo en La Habana donde formaba parte de la sociedad de beneficencia Covadonga, regresó a España en 1914, llegando al puerto de El Musel a bordo del trasatlántico Alfonso XIII. Se estableció nuevamente en Asturias y contrajo matrimonio con Concepción Fernández, con quien tuvo cuatro hijos: Juan José, Sandalio, Guzmán y Conchita. Esta última falleció en 1936, con cinco años, en su residencia de El Pito.
Benito Valdés y Laura Perera junto a sus hijos. / Ignacio Sandoval De Las Heras.
Sandalio inició una destacada carrera empresarial: primero fue gerente de Maderas Casa Hijos de Landero en Gijón, dirigiendo su sucursal en Oviedo, y posteriormente abrió su propia maderera. Bajo la razón social Pire Minas S.L. se dedicó también a la explotación de las minas de antracita Los Falos y La Concha, en Cangas de Narcea, junto a su hermano Bernardino y sus hijos Sandalio, Juan José y Guzmán.
Lo primero que hizo con la residencia fue rebautizarla: la llamó El Marciel, por la combinación de “mar” y “cielo”. Otra de sus primeras intervenciones fue abrir una portilla en el jardín que comunicara directamente con el templo parroquial, que se sitúa frente a su entrada principal. A partir de entonces comenzó una época de gran bonanza para la casa, con fiestas en las que no faltaba el champán ni los suculentos platos, y donde las orquestas se situaban bajo la pérgola del jardín, cubierta de plantas trepadoras. A estas celebraciones acudían invitados distinguidos, llegando en grandes coches conducidos por chóferes.
Herminia Valdés en Cuba con su primer hijo Rafael. / Ignacio Sandoval de Las Heras.
Sin embargo, tras años de fasto y éxito, llegó una etapa amarga y la casa volvió a cambiar de manos. Pasó a las de José Areces, otro emigrante —en este caso a Brasil—, dedicado a la construcción tanto allí como, a su regreso, en España. Solo la tuvo en su poder durante dos años, ya que la casa resultaba demasiado grande, y finalmente la vendió al actual propietario, Jesús Granados, quien mantiene El Marciel en perfecto estado.
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Granados no solo cuida el patrimonio material de la casa, visible en su arquitectura y en la piedra que la conforma, sino también su dimensión inmaterial, preservando la memoria, las historias y los elementos que forman parte de su pasado. Gracias a este empeño, se conserva intacto un pequeño fragmento de la historia de Somao, al igual que ocurre con otros muchos vecinos que protegen el legado de la emigración que convirtió este pequeño caserío rural en un pueblo a la moderna.
Sandalio Pire, Concepción Fernández y María Cristina Ríos. Verano del 46. Vestidos como familiares de indianos para el rodaje de la película " Trece onzas de oro". / Paloma Uría
el legado en piedra de los indianos
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