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Rafael Luis García, enfermero, fundador del Satse en Asturias: "Fui de los primeros en entrar a trabajar en la residencia San Agustín de Avilés"

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17.02.2026

Rafael Luis García, enfermero, fundador del Satse en Asturias: "Fui de los primeros en entrar a trabajar en la residencia San Agustín de Avilés"

"Estoy muy contento de haber servido a mi patria en un cuerpo como el de la Armada"

"Mi compromiso viene porque, como falangista que era y que soy, todo problema social que conozco me atañe"

Rafael Luis García, esta semana, en el parque del Muelle de Avilés. / Mara Villamuza

Rafael Luis García García (Avilés, 1938) es enfermero -se jubiló hace un cuarto de siglo-, fue miembro del primer comité de empresa del Hospital San Agustín -hace cincuenta años-, fundó el sindicato Satse en Asturias.

Ahora, a sus 87 años, está al frente de la Asociación de Jubilados y Pensionistas La Peñona y es el presidente de honor de la Asociación Lepanto de veteranos de la Armada.

"Nací en Villalegre, en diciembre de 1938. Yo nací el 28 de diciembre, pero mi padre, que se llamaba Avelino García, me asentó al día siguiente porque el 28 era día los Santos Inocentes, pero celebro ese día, el 28. Mi madre, Aurelia, era cubana y mi padre era de aquí. Mi abuelo, cuando vino de Cuba hizo un chalé enorme en frente del casino de Villalegre. En casa fuimos dos hermanos: José Alfredo y yo, pero yo era el mayor de los dos".

"Estudié en los Hermanos Maristas, en Oviedo. Mi padre tenía negocios entonces. Entonces tenía una fábrica de embutido en Noreña y fuimos para allá. Allí fui a las monjas, a la escuela. Y después de ahí marchamos a Oviedo y empecé, ya digo, con los maristas, pero no dejamos de venir a Avilés: días festivos y eso. Los maristas estaban entre Rosal y Marqués de Santa Cruz, en frente del Alfonso II. Ahora los maristas están yendo para el Naranco".

"Mi abuelo tenía una casa muy grande en Villalegre. Siempre fuimos una familia muy tradicional. Por ejemplo, con la Virgen de la Luz, veníamos todos. E incluso venía alguno de Cuba".

"Mis padres se casan en Molleda en plena Guerra Civil. Yo nazco en diciembre de 1938. Quien les casó fue Víctor Alvera, el que luego iba a fundar el colegio San Fernando. Los casa en una pequeña ermita que hay más allá de Molleda. Al acabar la Guerra se volvieron a casar: esta vez en una pequeña iglesia que había en la calle del Carmen. Lo que hicieron fue confirmar aquella boda en plena Guerra: se había corrido que en realidad no estaban casados".

El rey Juan Carlos estrecha la mano de Rafael Luis García en la inauguración del Hospital San Agustín. / Archivo de Rafael Luis García

"Yo ya he estado tres veces en Cuba, por la cosa sindical. Actualmente, tengo unos 100 parientes en Miami. Alieron mucho antes de la Revolución. Y mi madre vino de Viña. Mi abuelo fue a Cuba porque tenía un tío –la historia de siempre–. Tenía un tío y fue a trabajar con él: a los 13 años. El tío de abuelo tenía tienda y tenía una azucarera. Tenían también un ingenio para procesarla –un ingenio de España, se llamaba– y la finca se llamaba La Eugenia. Cuando fui yo, paré en Jovellanos, un municipio de la provincia de Matanzas. Fui con dos compañeros del sindicato: estábamos en un congreso. Y voy allí y digo: ‘Voy a ver dónde está la tienda’. Fui a la tienda y había una gente allí: uno negro, muy negro. Y entonces le digo: ‘¿Usted me podría decir dónde está La Eugenia?’ Y me dice: ‘¿Por qué lo quiere saber?’ ‘Porque mi abuelo…’ ‘¿Quién, Rafaelito? Yo trabajé con él’. En mi familia todos somos Rafael. Así supe de la finca. Y también de la tienda. La tienda se llamaba la Casa Grande. Mi familia también tenía una casita en Matanzas, en una playa que se llamaba la Playita. Simplemente. A la finca de mi abuelo le habían cambiado de nombre. Era La Eugenia y pasó a ser Tania, la Guerrillera".

"A la muerte de mi padre fui, no sé si por error, a estudiar Perito Industrial. En Gijón. En un año entero aprobé dibujo, que era de lo más difícil. Entonces, en casa dijeron: ‘Venga, para casa’. En Villalegre vivía mi tío Rafael el médico y una tía mía que se llamaba Lolín, que era enfermera. Ya fue enfermera de cuando la Guerra. Me dijeron ‘Oye, pero ¿por qué no estudias Enfermería’. Y entonces voy a estudiar Enfermería".

"No había entonces Escuela de enfermería en Oviedo. Estudié en la Universidad de Valladolid. Había dos sitios para ir: o Santiago o Valladolid. Fui a Valladolid porque mi tío y mi tía en su día habían estado en Valladolid. Mi tío Rafael se hizo médico y vivió en Valladolid pues después de la Guerra. Antes había sido Alferez Provisional. Me dijeron que Enfermería, pues Enfermería. Tenía 19 años, pero después me gustó mucho mi profesión".

La vida universitaria

"La vida universitaria fue muy buena. Me tiré cuatro años en Valladolid: uno de ingreso y tres años que era la cosa nuestra. Allí me pasó un hecho curiosísimo: entré en el Sindicato Español Universitario (SEU) y fui delegado en la facultad. Ahí empezó todo. Como falangista que era y que soy, todo problema social me preocupa. Entro en el SEU y participo en muchas cosas que se hicieron allí. Cuando vino la Reina Isabel a Gibraltar, montamos una huelga de tres pares de narices. Había un hotel en Valladolid que se llamaba hotel Inglés, pues nos subimos y le quitamos la palabra ‘inglés’. Nos zurraron bien los grises".

"Ideológicamente, ya lo era. Bueno, en casa pasaba lo que en muchas casas: una parte éramos de izquierdas; otra, de derecha. Mi padre decía que era demócrata. En el tiempo que estuvo en Cuba, ya no era de izquierda, era demócrata. Mi tío Rafael García fue Alférez Provisional en Cuba. Cuando estalla la Guerra, mi abuelo manda a toda la familia a Cuba. Allí mi tío conoce a otros y fundan la Falange. Va Millán Astray a Cuba y el día del acto oficial, en un descuido, se larga y viene para acá. Entonces se alista en el Ejército".

"La carrera era de tres años, más ingreso. La terminé en El Ferrol, cuando estoy ya en la Marina. Pude haber ido a la Milicia Universitaria, pero dije: ‘No, voy a esperar a ver si me toca por aquí, en casa y tal’. Por las Milicias Universitarias, me hubiera tocado Aviación. Terminamos en la Marina. No había gente para la Marina en la caja de reclutamiento, que estaba en Pravia. No había nadie y se necesitaba. Se les ocurrió entonces pillarnos a todos los que vivíamos cerca del mar. Cudillero, Luarca, todos… Desde aquí, desde Avilés, salió un tren con destino a Ferrol. Dormimos en León. A mí me pasó una cosa en la Marina: me adapté muy bien al servicio militar. Otros se adaptaron muy mal. Lo raro es que una persona como yo -con una familia económicamente muy bien- se acoplara a un sistema de vida que no era el suyo. Me adapté a aquello completamente. En el Ejército no se puede ser respondón. De todas las maneras, estuve a punto de quedarme en la Marina porque el que mandaba entonces en el cuartel de instrucción era Gabriel Pita da Veiga, que luego sería Ministro de Marina y que dimitió cuando legalizaron al Partido Comunista. Cuando yo estaba allí, él era capitán de fragata. Un día me llama y me dice que tengo que hacer un curso en Marín para quedarme en la Armada. Me lo explicó, además, perfectamente. Decía si tú te vas a licenciar cuando tus compañeros. Respondí: ‘Mire, no puede ser, yo quiero ir a Gijón’. En Gijón terminé la carrera. Tenía un enchufe gordo aquí -un almirante, que era más que un capitán de fragata, que era lo que entonces era Pita da Veiga-. Caí entonces en Enfermería, en Gijón, precisamente por mi profesión, porque era lo que estaba estudiando".

Los miembros de la Asociación Lepanto, en la jura de bandera de los muelles de Raíces. / Archivo de Rafael Luis García

"Yo empecé a trabajar de ATS en tres sitios distintos: después fueron cuatro. Teníamos trabajo, todo el que queríamos. ¿Por qué fuimos muchos a la residencia San Agustín? Para asegurar el sueldo. Trabajé en Huarte durante 23 años. Me hice en Oviedo ATS de empresa. Estábamos en Huarte con el doctor Cuevas y el doctor Figueiras: muy conocidos ambos en Avilés. Y un compañero mío, que se llamaba Ureña. Entonces los cuatro formamos el grupo de ahí. Nos dedicamos más que nada a los reconocimientos, si había algún accidente y tal… Hay que pensar que en aquella época, hasta a Avilés venía gente de afuera a trabajar a toneladas y nosotros incluso una vez tuvimos que ir a la estación porque llegó un tren de Andalucía y tuvimos que desplazarnos hasta allí a hacer los reconocimientos. Iba con el médico, aquí, en la misma estación. En la misma estación".

"Tuvimos dos sitios para atender a la gente, a los trabajadores que estaban en Ensidesa: en Garajes y Trasona. Cuando entré en la residencia de San Agustín ya había estado en la Casa de Socorro de Avilés. Tenía que ir a Oviedo dos veces a la semana: era la Mancomunidad. Estando en la residencia, estuve también en Asepeyo. La residencia, ya digo, la hizo Huarte. Fui de los primeros en trabajar en el San Agustín, más todavía, dos años antes de la inauguración oficial yo ya andaba por allí. Según se estaba haciendo, estábamos reconociendo a los obreros. Cuando se manda construir la residencia de Avilés es cuando pienso, bueno, es cuando pensamos unos cuantos que había que entrar en una cosa del Estado".

"Mi mujer, que se llama Manoli Gil, y yo nos casamos en 1966. Tenemos tres hijos. La mayor se llama Natalia, la segunda se llama Paula y el tercero, Rafael. Mi mujer nació en Andalucía, pero su padre fue de los que vino a trabajar en Ensidesa".

"Deciden construir la residencia porque en Avilés sólo estaba el hospital de la Cruz Roja, el hospitalillo y el de Caridad, que era el más antiguo. Entonces, ¿qué ocurría? Por ejemplo, en el hospital de Caridad muchos compañeros íbamos allí a ayudar a operar con, por ejemplo, el cirujano José Vallina y con el traumatólogo don Fernando Camino, que también operaban en la Cruz Roja. Además de eso trabajaba de manera particular: ponía inyecciones e iba hasta la Miranda. Se necesitaba un hospital. Trajo a mucha gente a Avilés. Trabajaban en otros sitios y aprovecharon que abría la residencia para regresar".

"Cuando se inaugura yo ya era delegado sindical, por el Sindicato Vertical. Tengo una foto con los Reyes el día de la inauguración. Resulta que había recibido una invitación a la recepción oficial que me había mandado el ministro de Trabajo José Solís Ruiz. La tengo en casa todavía. Mi mujer dice que guardo todos los papeles. Estaba de director el doctor Fanjul, que había sido director también del ambulatorio de Avilés y la enfermera jefa era una monja que se llamaba María Amparo. Una de las cosas que más me agradan es cuando dicen por ahí que fui un sindicalista porque es verdad: siempre luché por los demás".

Los distintos destinos

"En la residencia estuve destinado en el laboratorio: trabajé tres años allí, pero a mí lo que más me gustaba era el ambulatorio, la calle. Entonces ese trabajo se hacía en Llano Ponte. Se me vienen muchas cosas a la cabeza. Cuando acabé, hice sustituciones. Luego ocurrió una cosa en Avilés: la mayoría de las empresas del montaje tenían la obligación de tener un servicio médico de empresa. Por eso fue que estuve en Montajes Nervión. Teníamos aquí al lado, detrás de la iglesia de Sabugo, una oficina. Estando en el hospital, como digo, mantuve mi puesto en Huarte. Participaba del servicio del 18 de julio: una beneficencia para jubilados. Sale una resolución diciendo que podemos pasar a la Seguridad Social y solicito una plaza en en el ambulatorio de Candás, que después sería centro de salud. Y ahí estuve tres años. Los centros de salud se normalizaron cuando yo estaba en Piedras Blancas, allí fue donde me jubilé. Eso cambia mucho: las guardias se repartían entre más personas que cuando estaban solo los ambulatorios".

Rafael Luis García y sus compañeros, desfilando en la calle de Palacio Valdés, en Gijón. / Archivo de Rafael Luis García

La fundación de SATSE

"Resulta que no queríamos seguir el camino de la UGT y de Comisiones Obreras: estábamos hartos de que nuestros sueldos y nuestra profesión estuviera en sus manos. Unos cuantos decidimos formar un sindicato profesional y creamos el Independiente Profesional de Enfermería (SIPE). No estuvimos mucho tiempo porque en ese momento nos enteramos de que otros compañeros se habían organizado en Madrid. Así que nos juntamos con ellos y todos juntos creamos el Sindicato de Asistentes Técnicos-Sanitarios de España, el sindicato de Enfermería (SATSE). Éramos de todos los partidos, daba igual que fuéramos de izquierdas o derechas: estaba yo y estaba también María Jesús Rossell, que es socialista. En SATSE estuve once años liberado. En un momento dado tomo la decisión de volver a trabajar, pero al poco fue que termino y me jubilo".

"Ahora soy el presidente de la Asociación de Jubilados de Salinas. Y no me dejan marchar: soy el presidente de los jubilados y no hay nadie para suplirme. Después de la mili fue cuando fundamos Lepanto. Nace en el 62. Primero éramos una peña que nos reuníamos para ir a comer a algún puerto del Norte: de Asturias al Ferrol y hasta el País Vasco. Nacimos oficialmente en 2000. En todo ese tiempo hasta el 2000, yo tengo una relación directa con la Marina. Siempre. Con todos los jefes de Estado Mayor de la Marina. La Asociación Lepanto nació mantener la relación que tuvimos de aquella. Cuando lo hacemos ya de manera oficial. Desde que aprobamos unos estatutos y todo eso garantizamos lo de ayudar a los compañeros, a los enfermos. En estos momentos, ayudamos en un asilo. En España somos unos 300 socios de Lepanto, en Asturias, cien, ciento y pico. Ahora soy el presidente de honor. La organización ahora la dirige José Antonio López Salazar. Este año hacemos 63 desde la fundación de Lepanto".

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"Yo estoy muy contento de haber servido en la Marina. Primero porque me ha gustado mucho. Todavía lo del mar a mí me encanta. Me gusta mucho. Y después porque estoy muy orgulloso de haber servido a mi patria en un cuerpo como la Armada. Me dio la oportunidad la Marina de conocer a infinidad de personas del mundo militar. En este momento conozco también al jefe de Estado Mayor".

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