Justo García Castrillón, hostelero, dueño del Yumay y exdirectivo del Real Oviedo: "Lo peor de la hostelería es compatibilizarla con la vida familiar, a mi hijo lo crio su abuela"
Justo García Castrillón, hostelero, dueño del Yumay y exdirectivo del Real Oviedo: "Lo peor de la hostelería es compatibilizarla con la vida familiar, a mi hijo lo crio su abuela"
"Cuando estuve en la directiva del Oviedo la situación era delicadísima, llegando a tener cortes de luz; fue muy importante lo que nos aportó la gente"
Justo García, en La Cantina. / Mara Villamuza
Tras cincuenta años al frente de uno de los grandes templos de la hostelería asturiana, el restaurante Yumay de Villalegre, Justo García reconoce que ahora, ya jubilado, conoce lo que es la tranquilidad. "Ya no me hace falta pasar los semáforos en ámbar", bromea. Nacido en Allande en 1959, pronto aterrizó en tierras avilesinas, donde terminó asentándose. Antes permaneció unos años en Murcia, donde conoció a su gran amor y compañera de fatigas, la guisandera Lola Sánchez. Juntos forjaron la leyenda del Yumay. Además, García tuvo un breve paso por el mundo del fútbol. Repasa toda su vida tomando un café junto a LA NUEVA ESPAÑA en La Cantina de Avilés.
Su infancia. "Nací en Teixedo, en un pueblo de Pola de Allande, en una casa de labradores. Mi padre vino un tiempo a Avilés, a una empresa auxiliar de Cristalería, cuando yo era muy pequeño, pero se volvió porque el futuro aquí era regular. También vinieron varios de mis hermanos. Fueron los fundadores del Bar Tineo, en El Pozón. Mi padre se llamaba Manuel García y mi madre Esther Castrillón. Soy el undécimo de trece hermanos. Cuando yo nací había alguno que ya estaba casado. Tengo grandes recuerdos de esos años en Allande. Ahora no voy mucho, me apena el abandono que sufre esa zona. Fui a la escuela rural del pueblo, pero no era un gran estudiante.
Su llegada a Avilés. "Vinimos aquí cuando yo tenía 9 o 10 años. Primero pasamos por Candás, por Piedeloro. Fue una transición tranquila, me adapté enseguida a la ciudad. Pronto empecé a trabajar, con quince años estaba ya en el Yumay echando una mano en lo que pudiese. Terminé en maestría y con diecisiete dejé de estudiar. Estuve trabajando seis meses como ayudante de fontanero. Me trataron muy bien, con mucho mimo".
Los primeros pasos del Yumay. "En aquella época, en el 75, se solían coger traspasos. Coger el local entero era imposible. Mis hermanos mayores y mis padres miraron algún local por el centro de Avilés, pero necesitaban mucha obra. El Yumay también, pero no tanta. Empezaron como un chigre, pero tipo cervecería. De aquella era una novedad, porque casi nadie pedía cervezas. Era una cosa muy pequeñita, pero muy guapa. Aquello tuvo mucho éxito. Además, mis padres pusieron una máquina de asar pollos, algo que no se veía entonces en ninguna parte. Eso también triunfó muchísimo. No teníamos mesas, pero la gente comía mucho ahí. La idea les llegó de otros hermanos que estaban en Ibiza trabajando. Sobre todo nos venia mucha gente joven".
La adolescencia. "Ya estaba trabajando, lo que me generaba problemas para salir los fines de semana. A las horas que había ambiente a mí me tocaba trabajar. A veces me tocaba negociar con mis padres y algunas veces me escapaba. Cuando más se salía eran los domingos por la tarde, pero a las diez de la noche ya no había nada abierto".
Justo García, durante su etapa en la mili. / J. G.
Comprar el Yumay. "Cuando vine de la mili me senté a hablar con mi madre. No veía sentido a invertir en algo que no era nuestro. Las dueñas del local eran unas señoras mayores y nos reunimos en un par de ocasiones con ellas. Un día les planteamos comprar todo y aceptaron. Fue todo muy rápido. Por todo pagué alrededor de cinco millones de pesetas. Fue sobre el año 85".
La mili. "La primera vez que me citaron fui a Sevilla, y allí me destinaron a San Javier, en Murcia. Cuando entré se me vino un poco el mundo encima, pero luego lo cogí bien. Al final estuve cuatro años. Un amigo de Villalegre se presentaba a la escuela de suboficiales en Lérida y, cuando aprobó, me recomendó hacer lo mismo. Me presenté, pero no aprobé nunca. Cogían a muy poca gente, era muy difícil acceder. También me presenté a la Guardia Civil, donde sí me cogieron, pero era de los últimos de la lista, por lo que querían mandarme al Pais Vasco. De aquella estaba muy mal visto, en casa hubo un poco de drama. Al final no me presenté y firmé un........
