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Adiós pixuetos, hola turistas: el profundo cambio social de una de las joyas de Asturias, mundialmente conocida

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28.06.2026

Adiós pixuetos, hola turistas: el profundo cambio social de una de las joyas de Asturias, mundialmente conocida

Los vecinos del histórico barrio de pescadores lamentan la pérdida de la esencia del famoso anfiteatro, donde el tirón turístico impulsa por contra la rehabilitación de casas condenadas a la ruina y abandono

El cambio del anfiteatro de Cudillero

Turistas y vecinos en el anfiteatro de Cudillero / Mara Villamuza

Cudillero sumará este próximo 1 de julio muchos nuevos pixuetos gracias al tradicional bautizo en la Fuenti´l cantu, un animado ritual de las fiestas de San Pedro, San Pablo y San Pablín en el que todo el que quiere logra el oficioso certificado de empadronamiento en la villa. Son cada vez más los que cada año participan en ese bautizo pagano que a buen seguro escandaliza al patrón San Pedro, pero divierte mucho a sus protagonistas.

Aunque se cuentan a pares los que se «convierten» en pixuetos en ese día, no hay que olvidar que todos son «de adopción» y de paso, así que de poco sirven, por tanto, para frenar el declive vecinal que sufre el anfiteatro, ese colorido conjunto de casas apiladas en la ladera que rodea la bulliciosa plaza de La Ribera. Es el histórico lugar de residencia de los pixuetos, los pescadores de la villa, diferentes al resto, los caízos, moradores en torno a la travesía principal, en cuya frontera cruza un río donde antaño había un molino.

«Lo que ahora pasa en el anfiteatro es fiel reflejo de lo que es y fue la villa de Cudillero. Antaño en él habitaban los pixuetos, pescadores, que en los años 70 del siglo pasado superaban el millar y su flota, 190 embarcaciones, generando 2.000 millones de las antiguas pesetas sus ventas de pescado en Avilés. Hoy hay 40 pescadores, no todos viven en el anfiteatro, y unas 15 o 20 embarcaciones», describe el cronista de Cudillero, Juan Luis Álvarez de Busto. «Con eso está dicho casi todo: la calle Cimadevilla, la arteria principal del anfiteatro perdió a sus mayores, a su paisanaje, queda solo el paisaje..», describe con cierto amargor.

Y ese paisaje, en parte, está quizás también algo cambiado. «Fíjate, allá abajo donde se ven esas sombrillas, hace años estaba lleno de merluza, cajas y cajas, a diario», describe a LA NUEVA ESPAÑA desde lo alto del anfiteatro, en la citada Cimadevilla, Santiago Fernández, pixueto de pura cepa y de los pocos que conserva, algo más abajo y muy cercana al muelle viejo, la casa de sus antepasados, en la que vive con su esposa, la artesana Ángeles Campomanes, y que arregló hace un puñado de años. «Aquí tengo mis raíces, mi vida. Mi casa tiene más de 100 años, era de mis abuelos. Cuando me muera la heredará una sobrina y, entonces, que haga con ella lo que quiera, no quiero verlo. Pero mientras yo siga aquí, esa casa no se vende».

Palabra de pixueto que hacen suya otras vecinas que se arremolinan en torno a él en esta mañana de finales de junio, despejada y calurosa que a hora........

© La Nueva España