El análisis de Javier Morán sobre el contexto en el que España recibe al Papa y la frase que debería decirle al Presidente: "Pedro, apacienta las ovejas"
"Pedro, apacienta las ovejas"
Cuarenta y cuatro años separan la visita de Juan Pablo II a un país pacificado de la actual de León XIV a una nación con grandes complicaciones
El papa León XIV saludo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / 74
Toda visita papal, salvo las impetuosas, encapsulan las disonancias nacionales y sólo transitan por los valles de lágrimas atendidos por la caridad de los individuos de buena voluntad y de los propios católicos. La que inició el sábado el Papa León a España, sorteará con esperanza un tiempo muy complicado.
Cerca de 44 años separan la primera visita de un Papa a España, la de Juan Pablo II (31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, diez días), de la presente de León XIV, que abarcará del 6 al 12 de junio de este 2026, durante siete días. Si buscáramos contrastes entre el uno y el otro periplo encontraríamos una antítesis primordial: en 1982 España había pasado por unas elecciones pacificadoras, pero en 2026 se ha alcanzó el tope de complejidad política y judicial.
El Papa Wojtila, toda una novedad pontificia guiada por los anhelos de restauración frente a los revuelos, flujos y reflujos del Concilio Vaticano II, besaba el suelo español que acababa de ser recién suavizado por unas elecciones generales celebradas tan solo tres días antes, el jueves 28 de octubre, que otorgaron al PSOE de Felipe González, una mayoría holgadísima de 202 diputados sobre los 350 escaños del Congreso, una cifra jamás alcanzada después por los socialistas ni por otra fuerza.
Hablar de pacificación en aquellas circunstancias significaba que una democracia aún tierna se alejaba entonces el ominoso golpe de Estado de 1981 ya que todas las fuerzas políticas se compactaban más o menos para que aquel 23-F fuera la última asonada militar de la fecunda España levantisca.
Ahora vengamos al presente y a otros prolegómenos. Visitas papales en el ámbito de los países avanzados nunca han conocido en general a un Pontífice inmiscuyéndose en una nación con fuertes tensiones políticas. Cabría admitir dos excepciones. La primer fue la visita de Juan Pablo II a Nicaragua en marzo de 1983, en el marco de grandes tensiones del sandinismo popular y revolucionario contra la jerarquía del arzobispo conservador Miguel Obando y Bravo. Durante la misa del Pontífice en Managua, los........
