Reflexión institucional en tiempos de Semana Mayor
Colombia atraviesa un momento gravoso y delicado. Las instituciones, que deberían ser el soporte firme de nuestra convivencia, se ven sometidas a tensiones y ataques que provienen, paradójicamente, desde la propia cabeza del gobierno. Esta circunstancia nos obliga a detenernos y preguntarnos qué futuro inmediato queremos para nuestra nación, y cómo podemos fortalecer aquello que nos une en lugar de desgastarnos en lo que nos divide.
La Semana Mayor ofrece un espacio propicio para la reflexión. No se trata de un ejercicio ideológico ni de cálculos electorales, sino de un llamado a la conciencia ciudadana. En estos días de recogimiento, podemos pensar en lo que realmente beneficia a Colombia. En la preservación de sus instituciones, el respeto a la ley, y la construcción de un horizonte común que trascienda intereses particulares.
La historia nos recuerda que la irresponsabilidad institucional tiene consecuencias graves. Los líderes judíos de hace dos mil años, al descargar en los romanos la decisión de liberar a un bandido -románticamente tenido como guerrillero- para sacrificar a Jesús de Nazareth, buscaron esquivar el señalamiento popular. De nada les sirvió pues se quedaron con el pecado y sin el género. Esa evasión terminó siendo una profunda herida histórica en la memoria colectiva. Hoy, en nuestro país, no podemos repetir el error de delegar responsabilidades para evitar costos políticos.
La reflexión que propongo es sencilla, pero urgente: ¿qué podemos hacer, cada uno desde su lugar, para cuidar la legitimidad de nuestras instituciones? No basta con señalar errores o denunciar abusos; es necesario también cultivar la confianza, exigir transparencia y participar activamente en la vida pública con responsabilidad.
El país necesita menos confrontación y más construcción. Necesita que las diferencias se tramiten tanto en el marco de las instituciones como de la ley, y que los liderazgos, cualquiera sea su signo, entiendan que gobernar no es imponer, sino escuchar y armonizar.
La Semana Mayor recuerda que la renovación espiritual es posible. Aprovechemos este tiempo para renovar también nuestro compromiso con Colombia. Que la reflexión no se quede en palabras, sino que se traduzca en acciones concretas. Que haya respeto y reverencia por la institucionalidad en su majestad, defensa de la democracia y búsqueda de consensos que permitan avanzar.
El futuro inmediato de nuestra nación depende de ello. Que no seamos recordados como quienes evadieron su responsabilidad, sino como quienes supieron sostener la dignidad de Colombia en medio de la prueba.
