El poder y la mentira
Bastó que el Presidente de algún país suramericano sugiriera invertir en una criptomoneda para que muchos ciudadanos de esa nación corrieran a adquirirla.
Lo grave del asunto es que los gestores de dicho activo se desaparecieron con el dinero de los inversores y el mandatario no asumió ninguna responsabilidad por la sugerencia y menos por el capital perdido.
Regularmente lo que dice un gobernante es tomado como cierto sin importar que sea la mentira más evidente. Simplemente gran parte de los ciudadanos toman acciones o decisiones con el convencimiento de la veracidad de lo afirmado, mucho más cuando se........
© La Nación
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