La condena del río Nanay: tras el rastro del combustible que sostiene 60 focos de minería ilegal en Perú
La condena del río Nanay: tras el rastro del combustible que sostiene 60 focos de minería ilegal en Perú
Embarcaciones con bidones de petróleo parten a diario desde grifos flotantes y tierra firme de Iquitos y Nauta. El control fluvial de la Marina y la Policía es insuficiente ante las redes criminales que invierten cerca de US$50 mil cada día en combustible para mantener 60 dragas activas
Un hombre sale del bote, arrastra los pies hasta los soportes oxidados del grifo flotante que está a 10 metros y asegura un extremo de la soga. La corriente del río Itaya, en Iquitos, Amazonía peruana, tensa por momentos el amarre unido a la proa. La embarcación se agita, pero los 23 bidones vacíos que lleva encima parecen inalterables. Son de color azul y tienen en sus bases lo que parecen ser distintas iniciales pintadas con aerosol rojo. El hombre da indicaciones concisas y los operadores del grifo empiezan a descargar los envases para llenarlos de combustible.
El intenso sol de Iquitos ilumina escenas similares en los 15 grifos flotantes desplegados sobre el río Itaya. Algunos son barcazas estáticas con surtidores de combustible adaptados, motobombas y mangueras que cuelgan hacia el río. Otros, hechos de madera y metal con techos de calamina que cubren la zona de despacho, descansan sobre troncos, lanchones o chatas fluviales.
Después de ser abastecidos, los bidones son maniobrados entre dos personas mediante una rampa para retornarlos a los botes. En embarcaciones pequeñas que llegaron con cuatro o cinco recipientes, estos son escondidos dentro de compartimentos ocultos bajo sus pisos, denominados ‘caletas’. También son acondicionados en estructuras de fierro —tipo jaulas o canastillas— soldadas directamente a la parte sumergida de los cascos.
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La mayoría solo deja al descubierto un bidón que, por su tamaño, podría almacenar no menos de 50 galones; un número importante ya que en el país se debe contar con una autorización para trasladar combustible con un volumen mayor a 55 galones. Enseguida parten rumbo al norte.
La embarcación que llegó a uno de los grifos flotantes con 23 bidones realiza cuatro viajes para completar el traslado de todos los envases llenos. El diesel tiene como destino el puerto San Francisco, en el corazón del poblado de Belén. Allí los bidones son repartidos y ocultos en naves más grandes.
Bidones con capacidad de más de 50 galones, aparentemente marcados según la banda minera a la que pertenecen, llegan a abastecerse a un grifo en el río Itaya. Foto: Enrique Vera
Desde grifos flotantes como los del río Itaya sale el petróleo que abastece a los casi 60 focos de minería ilegal activos que la Coordinadora de Comunidades Nativas y Campesinas de la Cuenca del Nanay (Conaccunay) ha identificado en la parte alta del río Nanay o Alto Nanay. A esta cuenca estrecha de selva tupida —hogar de 29 comunidades campesinas y cuatro nativas del pueblo indígena ikitu— llegan embarcaciones cargadas de combustible también desde otros puntos de suministro. Mongabay Latam constató cómo de día y de noche los mineros ilegales se abastecen de petróleo en distintas zonas de Iquitos y en Nauta, una ciudad vecina.
Un equipo periodístico siguió por más de 12 horas el trayecto del combustible desde los puntos de recarga hacia los sectores tomados por las redes de minería ilegal en el Alto Nanay. El recorrido permitió identificar las zonas donde operan los principales dueños de dragas y la ruta clandestina que sus redes utilizan para llevar grandes cantidades de petróleo. Caminos mucho más largos y costosos, pero que les sirven para evadir con audacia los puestos de inspección de la Policía y la Marina en el río Nanay.
“No hay presencia de ninguna autoridad por esas rutas. Nadie revisa. Muchos bidones con combustible surcan a cada rato”, declara Arquímedes Arirama, dirigente de la Conaccunay.
El puerto de Nauta, a dos horas de Iquitos, es otro punto de recarga para las redes mineras que llevan diésel hasta el Alto Nanay. Foto: Santiago Romaní
Grifos: el primer eslabón del crimen
El impacto del engranaje delictivo que devasta el río Nanay se refleja en las alarmantes cifras reportadas en esta cuenca.
Conservación Amazónica, organización que trabaja en la preservación de los bosques de selva, a través de su programa MAAP (Monitoreo de la Amazonía Andina), identificó un total de 275 maquinarias mineras en el río Nanay durante 2025. Los dirigentes de la Conaccunay tienen registrado que solo en el Alto Nanay son al menos 48 dragas y nueve tracas (armazones grandes de hierro) en constante succión de oro. De acuerdo con información que maneja la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental de Loreto, las redes criminales pagan hasta 2800 soles ($823 dólares) por un bidón con 50 galones de combustible que llega al Alto Nanay. Una draga o traca minera consume en promedio esos 50 galones de petróleo durante una jornada de 20 horas.
Si se considera que hay al menos 60 maquinarias activas, como indicó la Conaccunay, las bandas de minería ilegal en el Alto Nanay estarían invirtiendo en total alrededor de 168 000 soles ($49 400) por jornada.
Una autoridad indígena del Alto Nanay, a quien llamaremos Saúl para proteger su identidad, sostiene que el incesante flujo de combustible que parte de los grifos flotantes supera cualquier necesidad doméstica en las comunidades. Responde únicamente —enfatiza— a la fuerte demanda en los focos de explotación.
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“Lo que requiere el transporte fluvial y la generación de electricidad en la zona es mucho menor de lo que se mueve para darle energía a los motores de las dragas. Eso es clarísimo”, remarca Juan Luis Dammert, coordinador territorial de la........
