Isabel Díaz Ayuso: una fe de errata en sí, que no es X ni J
No soy quién para asumir la defensa de México por los insultos de la presidenta de la Comunidad de Madrid hacia el país anfitrión. Pero hay circunstancias en las cuales callar es de cobardes. Mucha polvareda se ha levantado en torno a un ejemplo que encabezaba el anterior artículo, cuando utilicé la J para escribir Méjico. Lo lamentable es que hubo académicos de la lengua, escritores, políticos en ambos lados del atlántico, que desplegaron un sinfín de argumentos apoyando su doble uso, a fin de exonerar a la susodicha a la hora de no contemplar la X como opción. Su principal aval, la Real Academia de la Lengua, cuyo lema limpia, fija y da esplendor a la lengua española, trata de evitar barbarismos o excesos. Con tal peso de la historia, se procedió a justificar el uso de la J.
Sin embargo, el ejemplo no trataba del uso gramatical de la voz, cada quien es dueño de su escritura, con o sin faltas de ortografía. Lo que es relevante es el sentido que esconde una conducta. ¡Perdón, soy sociólogo y Weber me condiciona! Me refiero –¡y no soy........
