Vicente Estrada, jaramillismo y pobrismo cabañista
El mariachi acompaña al cortejo fúnebre que marcha a depositar en su última morada los restos mortales del profesor Vicente Estrada Vega. Toca Por los caminos del sur. Familiares, compañeros y amigos cargan sobre sus hombros el ataúd del legendario jaramillista por adopción. Otros caminan con decenas de sencillos y bellos arreglos florales en sus manos.
Antes de que los empleados de los servicios fúnebres comiencen a echar paletadas de tierra sobre la caja, hermanos y camaradas lo recuerdan con breves y emotivas palabras. Su viuda, la maestra María Teresa Franco coloca, como últimos adiós, una rosa blanca sobre su féretro. En esa flor en la caja de madera se sintetiza el enorme amor y respeto que se tuvieron desde que juntaron sus vidas, a pesar de ser tan distintos el uno de la otra. Ella, devota de su fe católica. Él, maoísta.
Cerca del final de sus días, cuando la enfermedad avanzaba y era evidente que sus fuerzas no daban para más, Andrés, César, Dionisio o Jorge (cuatro de sus nombres de batalla) le preguntó a la maestra Tere, con quien vivió clandestinidad, persecución política, carencias y represión: “¿Lo volverías a hacer?” Ella le respondió: “¡Con los ojos cerrados!” Y añadió: “Aun con el campo militar número 1”, en alusión a la temporada en el infierno que vivieron juntos, desaparecidos y torturados.
Uno de los oradores en el sepelio, un hombre de campo, señala al cielo y explica que el cuerpo que se va a enterrar no es ya Vicente, porque él está allá arriba, junto........
