Arturo Cipriano: la música del azar San Luis Potosí, 1948
Destino, le llaman en el mundo de la música tradicional; desde el misterio de la constancia, Cipriano le llama azar. Compositor, flautista, saxofonista, armonicista crecido entre “sonidos y zumbidos”. De abuelo y padre metidos en luchas ferrocarrileras y movilizaciones estudiantiles. “Mi padre, dirigente universitario; mi abuelo, general, fue a protestar con uniforme del ejército y lo pasaron a retiro, porque tuvo los güevos. Hay una fotografía de él protestando en una plaza pública con uniforme de general. No creo que haya generales así ahora. Cipriano también, como mi padre y como yo.” La figura de la abuela es entrañable; ella le proveyó de sus primeros asombros en la música: “Una relación hermosa, de vivir a una cuadra, y la abuela: ‘Te vas a convertir en drogadicto’, ¡visionaria!. (…) la radio en la casa de la abuela; había discos de Louis Armstrong, un amigo llevó una cosa de Miles Davis, fue: ¡Órale! ¿Qué es eso? Y un amigo que llegó de Texas con un disco de los Beatles: ¡Puta! ¿Qué fue eso?.” Ingeniero químico, Cipriano padre deseaba que sus hijos siguieran una carrera similar, pero el hijo quedó embrujado cuando le enseñó a tocar la armónica. El azar lleva a sus manos un folleto de la Escuela Nacional de Música: “¡Se estudia la música, no........
