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Una encíclica disruptiva

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27.07.2026

La encíclica “Magnífica Humanidad” del papa León XIV puede leerse en una “clave disruptiva y profética”. Disruptiva, porque produce una ruptura brusca, poniendo los puntos sobre las íes mediante propuestas y contrapropuestas inequívocas. Profética: hablamos del profetismo bíblico. El profeta denuncia el pecado, el error, las desviaciones que le hacen daño a la humanidad y a la naturaleza entera, al mundo en que vivimos; por otra parte, anuncia de manera diáfana el camino y no los senderos por los que deberemos transitar, que son los caminos dispuestos por Dios para la humanidad, haciendo de ella una magnífica humanidad. 

Una síntesis apretada y esquemática de este importante documento del Papa: 

En su introducción, la encíclica hace una primera disrupción, planteando dos maneras antagónicas de construir dos edificios, dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel (Gén. 11,1-9) o la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Ne. 2-6). La torre de Babel simboliza la soberbia de la humanidad construyendo sin la presencia de Dios. Se usa la técnica para dominar. En cambio, la reconstrucción de Jerusalén simboliza la presencia de Dios hecho un ser humano en Jesucristo, el trabajo en equipo, el diálogo entre hombres y mujeres, el entendimiento y buscar la técnica como servicio........

© La Jornada