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Bajo la lupa

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24.05.2026

Hace casi un año manejé la hipótesis del “cisne negro” que epitomizó la parusía de Pakistán que hoy luce como supremo mediador (https://bit.ly/3RWXnCE).

Casi un año después, la mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada de 170 bombas nucleares –que equilibra la terrorífica disuasión nuclear de la “Opción Sansón” de Israel–, consigue un arreglo impensable para ignaros/neófitos/leguleyos cuando su jefe de Estado mayor, el general Asim Munir (AM) logra asombrosamente un Memorándum de Entendimiento, que traduce los posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados a los axiomas de la “estabilidad geoestratégica” tripolar (https://bit.ly/4wGHY9v).

Por la “naturaleza de las cosas”, como solían instruir los clásicos griegos, el posicionamiento de Pakistán pudo (con)vencer a tirios y troyanos: supremo cofrade de China (https://bit.ly/3RqmVYJ); potente interlocutor de Trump, íntimo aliado de Arabia Saudita y vecino amigable/indispensable de Irán.

Dejo de lado la conspicua visita del primer pakistaní Shahbaz Sharif a China (https://bit.ly/4v0CF31) –coincidentemente a........

© La Jornada