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Hegemonía y discurso: la crisis del poder estadounidense para nombrar el mundo

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26.05.2026

Los cambios provocados por la guerra contra Irán son considerables. La destrucción de la arquitectura securitaria estadounidense en el Golfo Pérsico, la incapacidad material de Washington para proteger a sus aliados regionales durante cuarenta días de confrontación, el fracaso del 'pivot to Asia' como estrategia geopolítica prioritaria desde la administración Obama, todo ello configura un paisaje de derrota militar y estratégica.

Pero detenerse en este nivel de análisis, por importante que sea, significa perder de vista lo que constituye quizás la dimensión más profunda de la transformación en curso: la derrota discursiva de EEUU, entendida como la pérdida de su capacidad para imponer cómo se ve el mundo, cómo se organiza la región, qué narrativas estructuran la realidad política.

Un discurso podría compararse con un filtro que llevamos inconscientemente y que determina cómo se nos presenta aquello que consideramos realidad: qué vemos o dejamos de ver, qué destacamos y qué volvemos invisible, qué significado tienen para nosotros las cosas que percibimos.

Aplicado a la guerra contra Irán, esto significa que los cambios materiales (la destrucción de bases militares, el cierre del Estrecho de Hormuz, la paralización de las monarquías del Golfo Pérsico) funcionan como momentos ónticos de una transformación ontológica más profunda. Estos acontecimientos no simplemente revelan una nueva distribución del poder militar. Revelan que el discurso que estructuraba la región (el discurso que hacía de EEUU el garante de seguridad, de las monarquías del Golfo Pérsico los actores legítimos, de Irán la amenaza irracional) ya no puede sostenerse frente a la evidencia material de su fracaso. Y cuando un discurso colapsa, colapsa también la realidad que ese discurso creaba.

La arquitectura securitaria como discurso materializado

La destrucción de la arquitectura securitaria estadounidense en el Golfo Pérsico debe entenderse en primer lugar como colapso de un discurso específico sobre cómo debía organizarse la seguridad regional. Durante varias décadas, Washington estructuró el Golfo Pérsico mediante un marco discursivo que operaba simultáneamente en varios niveles. En el nivel más visible, este marco presentaba a EEUU como proveedor neutral de estabilidad, como potencia benigna cuya presencia militar garantizaba el flujo energético global y protegía a estados pequeños de amenazas regionales. En un nivel menos visible pero igualmente fundamental, este marco estructuraba una geografía racial del poder: ciertas monarquías (las que aceptaban integración en el orden liberal, las que vendían petróleo en dólares, las que alojaban bases estadounidenses) eran tratadas como actores legítimos; Irán, que rechazaba esa integración, quedaba marcado como amenaza irracional que debía ser contenida.

Las bases militares estadounidenses en la región (Al-Udeid en Catar, Al-Dhafra en Emiratos, instalaciones en Baréin, Kuwait, Arabia Saudí) no eran simplemente infraestructura militar. Eran la materialización de este discurso. Su presencia física proyectaba una narrativa sobre quién garantizaba la seguridad, quién poseía el derecho de desplegar fuerza, bajo qué condiciones esa fuerza podía ser empleada. Cuando Irán atacó estas bases durante la guerra, cuando demostró capacidad para neutralizarlas, cuando las monarquías del Golfo Pérsico descubrieron que Washington no podía protegerlas de represalias iraníes, lo que colapsó no fue simplemente capacidad militar. Colapsó la narrativa que hacía........

© La Haine