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Christopher Nolan reinterpreta «La odisea» como una fantasía imperial angloestadounidense

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17.08.2026

Por pura casualidad, vi la nueva película de Christopher Nolan, «La odisea», lejos del bullicio del bombo publicitario de Hollywood, en un pequeño pueblo griego llamado Markopoulo Mesogaias.

Se trata de un pequeño municipio histórico situado en la región de la Ática Oriental, a 15 minutos en coche de las ruinas del templo del Santuario de Artemisa en Vravrona (la antigua Brauron), del siglo V a.C., dedicado a la diosa de la naturaleza salvaje y alumbramientos.

Artemisa es también el nombre del cine en el que nos sentamos a ver la nueva película de Sir Christopher Nolan, situado justo detrás de la espléndida iglesia ortodoxa de San Juan de Markopoulo, construida en 1904. ¡Más griego, imposible!

Nos sentamos allí con unas dos docenas de griegos locales en una sala espléndida, muy lejos de la hipérbole del Imax que se promociona con millones de dólares en publicidad, intentando convertir la película en un espectáculo histórico.

Sin dejarse intimidar en absoluto por todo ese alboroto, este pequeño cine de este diminuto pueblo griego ofreció, de hecho, un «intermedio», a la antigua usanza en mitad de la película, para ir al baño y comprar palomitas.

En aquel momento y lugar, la obsesión de Nolan por el tamaño y la magnitud se redujo a escala humana: el espectáculo se vio obligado a comportarse, bajado de alturas más imponentes que el caballo de Troya, y obligado a oler la verdad y la realidad. La obsesión infantil de Nolan por el tamaño de su cámara IMAX es un caballo de Troya. No deberíamos tomárnoslo a pecho.

A mi regreso a Nueva York, solo para asegurarme, vi la película en el cine IMAX más grande de la ciudad, como había hecho con todos sus espectáculos anteriores. Prefiero infinitamente lo que vi en aquel pequeño pueblo griego: porque era real.

¿Pertenecen Homero y sus dos obras maestras clásicas, La ilíada y La odisea, a las personas con las que me senté en un teatro cochambroso de Markopoulo para ver la Odisea de Nolan? ¿O pertenecen a una antigüedad clásica fabricada, cuyo nombre en clave es «Occidente», que toda una generación de estudiosos racistas europeos, como el austriaco Jakob Philipp Fallmerayer (1790-1861), se inventó para sí misma?

A través de ese proyecto ideológico deliberado, se alienó sistemáticamente a los griegos contemporáneos de su propio patrimonio lingüístico, literario y filosófico.

Todo ello se llevó a cabo reescribiendo la realidad de Grecia como fundamento ficticio de la «civilización occidental», al tiempo que se borraban activamente sus vínculos geográficos, históricos y culturales con su propio hábitat natural en Asia Menor --en Anatolia, donde Grecia, Turquía, el Levante, Egipto y el norte de África conforman una verdad histórica mucho más arraigada--.

Esta traicionera maniobra ideológica --la misma que subyace en el salvajismo racista de los supremacistas blancos-- ha despojado a Grecia de su legado, llevándoselo, literalmente, piedra a piedra, al Museo Británico o al Louvre, para servir a las agendas coloniales y eurocéntricas modernas, fabricando algo que nunca existió.

La infame tesis de Fallmerayer afirmaba que los griegos modernos no estaban emparentados con los antiguos helenos, argumentando que la población había sido completamente sustituida por migraciones eslavas y albanesas --como si tales migraciones a cualquier territorio fueran algo incorrecto o exclusivo de Grecia--.

Les gustaban los antiguos griegos, sus artes y su filosofía, y los colonizaron para su propio beneficio: los robaron --tanto en el ámbito textual como arqueológico-- y los convirtieron en objetos de museo.

Desde hace tiempo está en marcha un importante proyecto de descolonización de la historia cultural griega, que consiste en recuperarla para los propios griegos. La visión de Nolan sobre «La odisea» de Homero apunta en la dirección opuesta: forma parte integral del prolongado proyecto de apropiación cultural en el que Hollywood ha sido un poderoso caballo de Troya.

El hecho es que Homero no era británico, estadounidense ni alemán. Vivió en el siglo VIII a. C. en la región de Jonia, en la costa occidental de Asia Menor, en la actual Turquía.

Se mire como se mire, se sentiría mucho más a gusto en el encantador y pequeño teatro de la localidad griega donde vi La odisea de Nolan que en cualquier lugar de Europa occidental o América del Norte.

La película de Nolan, a juzgar por la plétora de elogios que ha cosechado, se inscribe plenamente en este gigantesco proyecto de apropiación cultural: los europeos buscándose una antigüedad clásica para su autenticidad cultural fabricada.

¿Es, pues, casualidad que «La odisea» de Nolan cuente con un solo actor de ascendencia griega confirmado en su enorme reparto --Michael Vlamis, de ascendencia griega, serbia y libanesa, que aparece en un breve papel secundario? El resto son, en su mayoría, chicos y chicas de Hollywood del tipo de Matt Damon y Anne Hathaway.

Las limitaciones de estos actores, en particular las de Damon, no pueden pasar desapercibidas para un cineasta tan talentoso y........

© La Haine