menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¿A la espera de la caída?

18 0
22.07.2026

Existe una burbuja bursátil: se espera que las dos empresas más destacadas, OpenAI y Anthropic, salgan a bolsa con unas capitalizaciones bursátiles astronómicas de alrededor de 1 billón de dólares cada una. Pero esto viene respaldado por una burbuja crediticia, lo cual es aún más preocupante. Las caídas bursátiles suelen ser más espectaculares que destructivas --provocan pérdidas en el valor de los activos--, mientras que las burbujas crediticias, cuando estallan, desencadenan una cascada de impagos en todo el sistema financiero.

Dos burbujas, generadas por una creencia colectiva lo suficientemente poderosa como para sostener una movilización de capital sin precedentes en la historia del capitalismo. Admitamos que los capitalistas estadounidenses saben un par de cosas sobre cómo tejer una historia --es decir, generar una creencia--. Esta vez no han escatimado esfuerzos, deleitándonos con las visiones más grandiosas. Pero estas han adoptado una forma inusual y paradójica: convencer a la humanidad de los terribles riesgos, casi existenciales, del producto que están vendiendo. El director de Anthropic, Dario Amodei, ha dominado este estilo retórico, que bajo la apariencia de contrición transmite un mensaje totalmente interesado:

1) La IA supone un peligro enorme, lo que significa que es una herramienta de un poder sin precedentes, que debería interesarle enormemente;

2) He creado un monstruo, pero lo admito, por lo que tengo la conciencia tranquila (así que cómpreme a mí para obtener una dosis de virtud junto con su arma letal);

3) El gobierno del Mundo Libre ya ha sido advertido de que esta arma no debe caer en manos de nadie más --¿de los chinos, por ejemplo? ¡Qué horror!--, mientras que mis propias manos, como ya he mencionado, están limpias;

4) Dada la importancia trascendental de todo esto, si las cosas se tuercen financieramente, bajo ninguna circunstancia se nos debería permitir fracasar como un simple Lehman Brothers.

Es la leyenda perfecta: el futuro de la humanidad en juego, villanos que no deben hacerse con el botín. Por supuesto, una leyenda no es un modelo de negocio. Hasta ahora, bastaba con lanzar un hechizo, y vaya hechizo que se lanzó: desde 2020, los «Cinco Grandes» --Microsoft, Google, Oracle, Meta y Amazon-- han vertido 1,9 billones de dólares en el caldero. Ahora, sin embargo, debe generar un rendimiento --si no pronto, lo cual no parece probable, al menos con el tiempo-- y a una escala acorde con la inversión.

Quienes expresaban escepticismo al respecto fueron inicialmente tachados de quejicas, de aguafiestas incapaces de experimentar la emoción de lo milagroso, de imaginar el gran avance civilizatorio de nuestra época. ¿Cuánto tiempo podrá resistir la fe colectiva en la IA ante las pruebas que indican lo contrario? La respuesta: mucho tiempo, pero no para siempre --especialmente cuando las señales de alerta comienzan a multiplicarse, como ocurre ahora--. Es muy posible que estemos presenciando el inicio de la erosión de esa fe; una vez que se supere un umbral crítico, se producirá una corrección financiera tan brutal como maníaco fue el frenesí anterior.

¿Pueden las previsiones de ingresos justificar de algún modo el gasto de capital? El destino de todos depende de ello: el de los hiperescaladores --esos proveedores de servicios en la nube que construyen enormes centros de datos para recopilar, alojar y procesar datos: AWS, Google, Microsoft, Oracle, Meta-- y el de los laboratorios de IA, que se han comprometido a consumir chips y potencia de cálculo a una escala similar. Anthropic se ha comprometido a destinar 330 000 millones de dólares a Google, AWS y Microsoft de aquí a 2029, mientras que OpenAI ha prometido 852 000 millones de dólares a AWS, CoreWeave, Cerebras, Oracle, Microsoft y otros para finales de 2030.

Estas sumas astronómicas tienen por objeto acaparar los titulares, alimentando la creencia colectiva en el carácter trascendental de la IA. Sin embargo, la naturaleza jurídica y la contabilización de estos «compromisos» (en francés, engagements) son sumamente ambiguas: van desde contratos aparentemente vinculantes hasta meras sugerencias, fantasías extravagantes y discursos sobre horizontes interestelares.

En algún momento, todo esto tendrá que volver a los pies de tierra. Y sea cual sea la cruda realidad, habrá víctimas. Si los laboratorios de IA tienen que rascarse el bolsillo sin que la demanda siga el ritmo, ello supondrá su ruina; si los hiperescaladores se quedan en la estacada, tampoco acabará bien. Y es que ya han comprometido 2 billones de dólares en gastos de capital y tienen previsto comprometer mucho más en los próximos años (el objetivo es de 5,3 billones de dólares para el periodo 2025-2030, según Goldman Sachs).

Nadie conoce la proporción exacta de compromisos firmes, ya que ni Anthropic ni OpenAI son aún empresas que cotizan en bolsa. Lo que sí sabemos son las cifras de sus recientes rondas de financiación: 95 000 millones de dólares para Anthropic este año y 122 000 millones de dólares para OpenAI, lo que sigue dejando un enorme déficit de financiación --y no cabe hablar de autofinanciación, ya que actualmente registran pérdidas masivas--. Por si fuera poco, Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia --y no olvidemos que es él quien suministra los chips que impulsan todo este sector--, señaló que, basándose en un coste de entre 80 000 y 100 000 millones de dólares por gigavatio de potencia, los centros de datos previstos acabarían costando no los 5,3 billones de dólares previstos por Goldman Sachs, sino una cifra comprendida entre los 9,5 y los 15 billones de dólares. Al fin y al cabo, él también tiene que recuperar su propio capital.

Así pues, nos enfrentamos a una ecuación con una variable y un parámetro. La variable: la demanda. El parámetro: la financiación, que nos dará tiempo hasta que la variable se digne a materializarse. Sin duda, la demanda comenzó a un ritmo vertiginoso, impulsada por una exuberancia irracional; uno simplemente no puede permitirse perderse una........

© La Haine