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Abelardo de la Espriella y la amenaza de una Colombia subordinada

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13.06.2026

Abelardo de la Espriella se presenta ante Colombia como un patriota absoluto. Viste símbolos nacionales, invoca la patria, habla de orden, promete seguridad y se autoproclama defensor de la nación. Sin embargo, detrás de esa puesta en escena aparece una pregunta política inevitable: ¿qué tipo de patriotismo representa un candidato cuya trayectoria, alianzas, apoyos internacionales, relaciones profesionales y propuestas de gobierno parecen conectar mucho más con el viejo bloque oligárquico, narco, paramilitar, corporativo y proestadounidense que con una verdadera soberanía popular colombiana?

La cuestión no es únicamente jurídica. La doble nacionalidad, por sí sola, no impide aspirar a la Presidencia de Colombia. El problema es político, ético y geopolítico. De la Espriella no es simplemente un colombiano con vínculos internacionales. Es un candidato que ha celebrado el respaldo de Trump, que se presenta como aliado natural de EEUU, que reivindica modelos de seguridad extrema y que proyecta una Colombia subordinada al eje Washington-Tel Aviv en nombre de la "lucha contra el crimen".

El patriotismo que invoca merece, por tanto, ser examinado. Porque no basta con envolverse en la bandera nacional. Un candidato que aspira a dirigir el Estado debe explicar con claridad qué intereses defiende, qué poderes lo rodean, de qué redes proviene y ante quién se siente políticamente obligado.

I. El nacionalismo de exportación: patria en el discurso, Washington en el horizonte

El respaldo público de Trump a Abelardo de la Espriella no es un detalle menor. En plena segunda vuelta presidencial, el mandatario estadounidense utilizó 'Truth Social' para impulsar su figura, calificándolo como un dirigente fuerte, inteligente y decidido. Lo ha presentado como un garante de comercio, un combatiente del narcotráfico y una ficha clave para el "restablecimiento del orden". Esa intervención no puede leerse como una simple opinión extranjera. Es una señal política en una región históricamente atravesada por la injerencia estadounidense. Es la implementación de lo que el inquilino de la Casa Blanca ha llamado "Doctrina Donroe".

Iván Cepeda denunció ese apoyo como injerencista. Y con razón. Colombia no es un protectorado. Ninguna potencia extranjera debería tener derecho a intervenir, sugerir, orientar o condicionar el voto de un pueblo soberano.

Lo preocupante es que De la Espriella no rechazó ese respaldo. Al contrario, lo celebró. Allí se revela la contradicción central de su campaña: se presenta como nacionalista, pero acepta sin incomodidad el abrazo político del presidente de la potencia que durante décadas ha condicionado la política antidrogas, militar y de seguridad de Colombia. Téngase en cuenta además que ha manifestado públicamente que "no va a sacrificar su familia por un país (Colombia) de desagradecidos, desleales y cafres" (incivilizados) y que uno de los platos nacionales colombianos (el ajiaco) es un potaje para reos por lo cual al pueblo colombiano le falta clase.

Esta contradicción es aún más profunda si se toma en cuenta que De la Espriella adquirió ciudadanía estadounidense en 2023, después de vivir y trabajar durante años en ese país. El punto no es si eso lo inhabilita legalmente. El punto es si un candidato que se presenta como defensor absoluto de la patria puede guardar silencio frente a las preguntas esenciales: ¿renunciaría a esa ciudadanía si llega a la Presidencia? ¿Dónde paga sus impuestos? ¿Dónde está radicada su riqueza? ¿Qué compromisos financieros, políticos o personales conserva fuera de Colombia? Tengamos en cuenta que quien se juramenta como ciudadano norteamericano debe jurar fidelidad y lealtad a los EEUU de Norteamérica por encima de cualquier nacionalidad que pueda tener aparte.

Una democracia madura tiene derecho a hacer esas preguntas. Y un candidato presidencial tiene el deber de responderlas. Hasta ahora las ha evadido.

II. La "mano dura" como programa: seguridad sin DDHH

La candidatura de De la Espriella se sostiene sobre una promesa: restaurar el orden mediante fuerza, castigo y autoridad. Su discurso ofrece una solución simplista a una crisis compleja. Frente a décadas de conflicto armado, desigualdad, narcotráfico, abandono territorial y violencia política, propone una salida punitiva: más militarización, más cárceles, más confrontación,........

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