El plan de Trump para Bolivia
La guerra con Irán aceleró los tiempos y corroboró lo que para la Casa Blanca es una difícil realidad: EEUU debe fortalecer sus cadenas de suministros de minerales críticos y estratégicos ya no sólo para afrontar una crucial competencia con China, sino también para enfrentar a cualquier enemigo que desafíe su voluntad hegemónica y su exaltado ánimo bélico.
Bolivia, con una enorme riqueza bajo su superficie, no podía permanecer al margen de esta empresa. El escenario de una inusitada protesta social fue, probablemente, una consecuencia no buscada aunque, en todo momento, incentivada por el nuevo régimen derechista y sus aliados externos e internos.
El 28 de abril de 2026, el vicesecretario estadounidense Caleb Orr y el ministro boliviano de Minería, Marco Antonio Calderón de la Barca, firmaron en La Paz un memorando de entendimiento sobre minerales críticos, en el que el litio ocupa un lugar prioritario. Rodrigo Paz, con apenas seis meses en el gobierno y cada vez más inclinado a la influencia de Trump, anunció el acuerdo como si se tratara de un hito histórico que le posibilita a Bolivia insertarse en las más amplias redes del comercio global de recursos minerales.
Más allá de las expectativas generadas, lo cierto es que el texto del memorando apenas fue publicado y se lo hizo de manera fragmentada. Habría varias razones que explican esta decisión.
El convenio no establece ninguna garantía de industrialización en territorio boliviano, así como tampoco obliga a las empresas estadounidenses interesadas a construir plantas de procesamiento ni mucho menos a definir mecanismos de transferencia tecnológica. Tampoco fija porcentajes mínimos de valor agregado local y mucho menos el porcentaje que se quedaría en Bolivia de las ganancias que proporcione la libre explotación de los recursos estratégicos.
La riqueza de Bolivia es indiscutible, y no solo con relación al litio De hecho, en el país se encuentran 31 de los 38 minerales........
