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A 90 años del 18 de julio de 1936. Guerra y revolución en España

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20.07.2026

Fue el momento de un golpe llevado a cabo por militares, con el apoyo indisimulado del gran empresariado, los terratenientes y la Iglesia. Y la activa complicidad de las grandes potencias fascistas.

El amanecer del poder popular

Si aquello se convirtió en una confrontación bélica es porque las organizaciones obreras y campesinas y los partidos de izquierda ejercieron con éxito la resistencia armada contra el avance de los golpistas.

Eran milicias con algo de preparación previa o sin ninguna. Con armamento escaso y a menudo anticuado, vencieron en muchos casos a fuerzas militares y policiales sublevadas en combates encarnizados. Contaron con la colaboración de oficiales del ejército, la aeronáutica y las policías contrarios al golpe. Los civiles armados mantuvieron el protagonismo.

Se consiguió la derrota del movimiento sedicioso en Madrid y Barcelona. Impidieron la sublevación de Valencia. Las tres ciudades más pobladas y con más peso social, político y cultural del país quedaron en manos antifascistas, con el movimiento obrero al frente. Algo similar ocurrió con un gran número de ciudades y pueblos en toda la península.

Lo hicieron pese a las vacilaciones y retrocesos que se produjeron entre los más conservadores del campo republicano. Allí no escaseaban los burgueses "de izquierda". Quienes tenían más temor a la revolución social que al fascismo. Los mismos que en muchos casos le negaron armas al pueblo que las reclamaba para el enfrentamiento contra sus enemigos históricos.

La resistencia se trocó en transformación revolucionaria. Eso una vez que el pueblo armado alcanzó la victoria y fue consciente de su poder. Con amplia colectivización de la industria, el comercio y los transportes en las ciudades. En el campo dio lugar a comunas autónomas que abolían la propiedad privada.

Por eso la llamada "guerra civil" también debe ser considerada como escenario de la revolución española. Las corrientes más radicalizadas en el campo republicano así la caracterizaron siempre.

No pocas de las obras maestras de la historiografía acerca del formidable choque de 1936 llevan a la revolución en su título. Para citar dos: La revolución y la guerra de España, de Pierre Broué y Emile Temime. Y La guerra civil española. Reacción, revolución y venganza, de Paul Preston.

El pueblo armado establecía no sólo el cambio en la propiedad sino el autogobierno, la autoorganización, la autoactividad de las grandes masas. Un orden nuevo implantado desde abajo. Una auténtica democracia como nunca antes había........

© La Haine