Trump, el hombre que quiere rebobinar el mundo
Irán debutó en el Mundial con un empate 2-2 ante Nueva Zelanda en Los Ángeles, pero el partido se jugó también fuera del césped. En una de las gradas, la afición iraní levantó varias pancartas hasta formar una palabra y una cifra: Mina168, en memoria de las víctimas de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en Minab, al sur de Irán, más de 80 días después del ataque estadounidense-israelí con misiles que la destruyó y dejó cerca de 200 muertes, en su mayoría niñas.
Así, Irán denunciaba el crimen en la casa del perpetrador, en plena competición mundial y ante las cámaras del planeta entero.
De manera paralela, se iban conociendo nuevos detalles del memorándum de entendimiento entre Irán y EEUU, intermediado por Pakistán y con firma formal prevista para el viernes 19 de junio en Suiza (aunque ahora parece que alcanza con la firma virtual). Todavía no existe un texto público y definitivo, sino declaraciones, filtraciones y una negociación que apenas empieza.
Aun así, el debate vuelve a girar sobre dos grandes cuestiones: por un lado, las exigencias estadounidenses sobre el programa nuclear iraní y el estrecho de Ormuz; por otro, las exigencias iraníes de poner fin a las agresiones contra su territorio y otros países de la región, incluido Líbano.
El primer escollo es la cuestión nuclear iraní, pero conviene recorrer la historia reciente para comprender cómo hemos llegado hasta aquí. El Plan de Acción Integral Conjunto, firmado en 2015 y conocido como JCPOA, estableció límites al programa nuclear iraní, inspecciones internacionales y alivio de sanciones. Irán aceptó restricciones verificables y supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). EEUU, sin embargo, se retiró unilateralmente en 2018, durante el primer mandato de Trump, haciendo trizas el acuerdo.
La República islámica, en ese sentido, no puede ser tratada ahora como si hubiera sido quien rompió aquel marco. Teherán aceptó límites, inspecciones y........
