De Davos a Múnich: Info-oligarquía y dominio mundial
Acaba de celebrarse la Conferencia de Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS, pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a los "líderes" europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania, el Maidán en 2014.
Esta edición de 2026 ha estado marcada por un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945 está "bajo destrucción", según el propio Munich Security Report 2026. De cierto, EEUU no ha hecho más que confirmar su imposición de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones multilaterales.
Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas "ya no existe", y que es hora de asentarse en la fuerza, luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, "de nuestros valores". En todo caso se supone que son unos valores que, como "las reglas" de su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a Europa a reforzar urgentemente sus "capacidades de defensa" (aquí todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en EEUU ya hablan directamente de "Departamento de Guerra"). Tras él, cómo no, el titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.
El informe oficial describe una era de política de bola de demolición, donde actores poderosos --incluida la administración estadounidense actual-- buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar de reformarlas.
Pero más allá de este guion que se viene siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural de "la seguridad" (léase guerra) global.
En concreto la Conferencia destaca como elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de ser sólo "tanques y tratados" para integrar plenamente lo digital. No es de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores, al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.
Así que la info-oligarquía "cortó el bacalao" sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y juntas definen la arquitectura del Poder Global.
¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?
Es la que está al frente de las grandes corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos...), plataformas de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces...), algoritmos de decisión (recomendación, moderación, publicidad...), datos masivos (hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones...) y que, por consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante...).
Gobiernos, empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza, sino también qué es pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen, además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos -> mejores algoritmos -> más usuarios -> más datos...
Son oligopolios de facto (de buscadores, redes sociales, sistemas operativos...), promueven decisiones algorítmicas que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos, etc.- determinan las políticas gubernamentales.
Proporcionan los marcos interpretativos que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma mucho más rápida que la información verificada (la verdad compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de cuántas personas dicen gustarles lo que se dice).
Además, el conjunto de los medios depende de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo, comunicación, educación, ocio, creación, finanzas... todo pasa por sus manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los Estados.
No es casualidad, pues, que los líderes de las grandes........
