A medida que la guerra se complica, nos vemos obligados a tomar una decisión: ¿De qué lado estamos?
La maquinaria propagandística occidental --su arma estratégica más poderosa-- afirma repetidamente que las fuerzas estadounidenses están logrando una victoria rápida y contundente sobre Irán. Paralelamente, los servicios de inteligencia del régimen israelí informan a los medios occidentales que observan crecientes señales de desorden y «caos» dentro del gobierno de Teherán, y añaden que la cadena de mando iraní se ha visto gravemente afectada.
¿Y por qué no proclamar una victoria aplastante? Es de suponer que Trump entró en la guerra con una confianza absoluta en la capacidad militar estadounidense para aniquilar la estructura estatal iraní, su red de mando y su poderío militar. Sus generales, al parecer, respaldaron la idea aceptada del potencial destructivo, aunque añadieron varias salvedades que probablemente no calaron en la mente de Trump.
Y eso fue precisamente lo que Trump hizo: una "aniquilación" generalizada; oleadas continuas de bombardeos a distancia. A quienes dudan de su éxito en el colapso de la estructura estatal iraní, les responde simplemente que aniquilaremos aún más. "Mataremos a más de sus líderes".
Tras los ataques del 28 de febrero, los medios occidentales (incluidos los israelíes) también elogiaron en sus informes la naturaleza devastadora del golpe asestado contra la cúpula política y militar de Irán.
No se intentó analizar críticamente el efecto en un Estado que llevaba entre 20 y 40 años preparando una respuesta asimétrica a la guerra que se avecinaba. No se hizo ningún esfuerzo por comprender el impacto real de bombardear un Estado que había retirado toda su infraestructura militar (incluida su fuerza aérea) de su territorio, para luego sepultarla en profundas ciudades subterráneas.
No se hizo ningún esfuerzo por evaluar el impacto de los asesinatos de líderes políticos y militares de Irán en el estado de ánimo público. No se comprendió cómo el liderazgo descentralizado iraní, en forma de mosaico, podría ofrecer una respuesta rápida y planificada ante la eliminación de un líder. Tampoco se consideró que una estructura de liderazgo tan dispersa permitiría a Irán librar una larga guerra de desgaste contra EEUU e Israel, en contraste con la insistencia estadounidense e israelí en guerras cortas que no pongan a prueba la resistencia de sus votantes.
Por el contrario, todos los reportajes de los principales medios se centraron en la magnitud de los daños infligidos a Teherán y a su población, partiendo de la premisa implícita de que la demolición de edificios........
