La barca que vuelve
Ayer, sin moverme de Madrid ni pisar una tabla mojada, supe que media España había vuelto a echar la Virgen al agua, porque el 16 de julio los puertos hacen lo único que saben hacer bien desde hace siglos, que es sacar a la patrona del Carmen del templo, subirla a una barca engalanada y pasearla por la bocana mientras suenan las sirenas de los pesqueros y el cura bendice unas aguas que llevan toda la vida sin pedir permiso a nadie. Lo celebraron de Galicia a Cartagena, de La Graciosa a Villajoyosa, con procesiones marítimas, ofrenda floral y esa mezcla de misa y verbena que en este país no ha separado todavía ningún concilio. Pero el artículo no va de la liturgia. Va de un tío mío del lado norte, marino de arrastre jubilado y padrino de mi hermano, que durante quince veranos me colocó a mí, el sobrino urbano, el encargo de sostener el ramo.
Era un pueblito del Cantábrico donde el mar entraba........
