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Allí no va ningún coche

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01.09.2026

Uno ha llegado a una edad en la que ya no regatea el precio de las cosas que quiere, porque regatearlas sería reconocer que las quiere menos de lo que presume. Por eso el domingo, cuando supe que el mejor cabrales del año se había rematado en Arenas por treinta y siete mil quinientos euros, no me llevé las manos a la cabeza como se espera de un hombre de orden. Me acordé, que no es lo mismo. Me acordé de un amigo mío, muy del norte él, que hace años me puso delante media tarta de aquello envuelta en un paño húmedo y la destapó en la mesa del bar sin decir palabra, como quien deposita una pistola. El queso olía a cuadra, a bota vieja, a domingo de niebla. Nos lo comimos con los dedos y pan duro, y ninguno de los dos calculó cuánto valía, porque entonces las cosas todavía no valían: sabían.

El de este año lo hizo una quesería de Tielve, la de Ángel Díaz Herrero, que ganó por tercera vez seguida con una pieza de leche de vaca de........

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