Por Noelia
Internet fulmina cualquier pretensión de originalidad. Estaba yo obnubilado todo el día por un periodista de El País, y me di cuenta, a media tarde, de que ya se había hecho famoso.
No está al alcance de todos empezar un artículo con «Noelia debería estar muerta». Falló un pequeño detalle: el padre. De qué manera hablaban los comisarietes progresistas del padre, de ese padre… Ha sido el malo de la película (por supuesto, junto a los clásicos abogados cristianos) por haber prolongado la vida de su hija impidiendo «su derecho a una muerte digna».
La idea de vida o muerte digna lleva implícita la de la vida/muerte indigna. Y esa vida indigna no se ataca, por supuesto, no se ejecuta eugenésicamente pero, de otra forma, recibe un estatuto distinto al retirarse en ella las salvaguardas habituales. Lo indigno no es asesinado, pero puede ser suicidado. Se abre por tanto la posibilidad al reconocimiento, por el Estado, de una vida B.
Con Noelia parece que hemos pasado de la ayuda a la muerte a ayudar al suicidio, de la ayuda al buen morir a evitar el mal vivir. Pero vivir es ir muriendo y eutanasia, en cierto punto de legislación, era ya suicidio. Los siniestros progresistas (casi todos somos progresistas, pero no formamos parte de esa agresiva vanguardia........
