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Las cenizas y el fuego

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08.04.2026

Me llevé un pequeño soponcio al ver tallado en un paso de mi pueblo a un angelito con chupete. No me gustó. A los chupetes hace años que los miro con indiferencia. Mi rechazo no fue fobia, sino teología. Los ángeles son espíritus puros. Desde luego, los tronos, potestades, dominaciones y principados, pero también los querubines. De hecho, la función de los doctos querubines, según el Pseudo-Dionisio Areopagita, es custodiar la sabiduría divina. Están especializados en el conocimiento. Ya se entiende que el chupete les sobra. Entre los múltiples, barrocos y tenaces piropos que he ofrendado a mi mujer a lo largo de tres décadas de intensa dedicación jamás la llamé «mi ángel», ni siquiera en los años más platónicos del noviazgo. No se me olvida su cuerpo, la verdad. Tampoco he dicho eso a mis hijos. Y no es por falta de devoción angélica. La tengo firmísima, a la altura de la de Eugenio d’Ors.

Pensé que el angelito con chupete era una novedad iconográfica........

© La Gaceta