La hipotética absoluta de Moreno Bonilla
Dicen algunas encuestas externas y las internas del PP andaluz que Juanma Moreno Bonilla va a revalidar su mayoría absoluta. Cualquiera sabe. Las encuestas las carga Tezanos, en política los tiempos adelantan que es una barbaridad, las campañas de Vox suelen movilizar más que las otras y el voto tiene sus razones que la demoscopia no entiende. Pero como hipótesis de trabajo para una reflexión de largo alcance, démosle por buena su mayoría absoluta. La hipótesis ofrece posibilidades de análisis y proyección.
Tampoco es tan descabellada, porque la consiguió en las pasadas elecciones y ahora, sin duda, la roza. Hay que ver por qué. He defendido desde el primer momento que el punto de inflexión del ascenso de Moreno Bonilla estuvo en las negociaciones con Vox en su primera legislatura. Juanma, con un resultado muy mediocre, necesitaba los votos de Vox junto a los de Ciudadanos. Se ha culpado al desastre de la campaña andaluza de Macarena Olona, que no fue buena, sí, pero el error arrancó de antes.
Cuando Vox renunció a exigir entrar en el gobierno andaluz, le regaló a Moreno Bonilla unas manos libres que aprovechó de maravilla para incumplir lo comprometido y para adular al votante socialista andaluz, más «conservador» —en el sentido acomodaticio de la palabra— que otros votantes socialistas. Sé que defendiendo esto irrito a varios buenos amigos que estuvieron en aquella negociación. Sostienen que no se pudo hacer otra cosa. Quizá. Pero de haber entrado en el gobierno, se habría entorpecido la estrategia de socialismo azul de Moreno Bonilla, su apaciguamiento socialdemócrata y se habrían desarrollado reformas valientes que hubiesen distinguido las propuestas de los de Abascal.
Por otro lado, la gestión permite la formación de cuadros intermedios, la capilaridad territorial y el trato asiduo y resolutivo con los administrados. No se entró en el gobierno y Moreno Bonilla se hizo fuerte en su estrategia bipartidista. Tanto que su relación con Felipe González roza la luna de miel.
Aquel error de antaño está remediado en lo que al candidato de Vox se refiere. Manuel Gavira es un hombre de trato personal amable (cuestión esencial en una Andalucía refractaria a los siesos), pero de posicionamientos firmes y maneras desacomplejadas. Da el perfil de alguien capaz de asumir responsabilidades de gobierno sin dejarse ni diluir en el acuerdo ni petrificar en la confrontación.
Pero es posible, según las encuestas, que Moreno Bonilla recoja las aguas socialistas en el pantano pepero. Ha trabajado para esto y ni la candidata socialista María Jesús Montero ni la trayectoria de Pedro Sánchez están como para impedirlo. Tengo amigos y compañeros de trabajo que han votado siempre al PSOE y que ahora son los más morenobonillistas del panorama.
Pongamos, por tanto, que se produce la mayoría de Juanma. Para Vox, si me permiten la paradoja, sería otra oportunidad. No sólo de aprender de las lecciones del pasado, sino de prepararse para el futuro. Por un lado, Andalucía ofrecería al electorado un instructivo contraste con aquellas otras comunidades autónomas en las que sí hace falta su concurso para gobernar. Existe el riesgo de que el acuerdo con el PP se interprete como identificación, pero Moreno Bonilla actuaría como dique. Lo suyo será el PP auténtico, y los gobiernos de coalición con Vox tienen que ser muy distintos. Esto, que parece bizantino, es fundamental.
Y no es lo único. Con un Vox fuerte en la oposición, y aquí podemos confiar en Gavira, el PP de Moreno Bonilla tendría muy fácil seguir su querencia de extremo centrismo y fundirse en el tan anhelado abrazo con el PSOE auténtico de Felipe González. Confluyen todas las condiciones y prácticamente no hay impedimentos ideológicos. Eso, aunque a corto plazo sería una lástima y preferiríamos tener ya las reformas profundas que necesitamos y que Vox propone, resultaría muy clarificador. Y también necesitamos claridad.
