Para gustos, los colores
Bendito sea Hughes, que me hace inteligible el fútbol. Hay columnistas, y él es uno de ellos, de los que leería con gusto la crítica de una representación de El lago de los cisnes en el Bolshoi.
Pero el fútbol no es el ballet. Uno puede vivir toda una vida felizmente ignorante de los ‘pas de deux’ y ‘grands jetés’ sin ningún problema. Ningún aficionado te pondrá cara rara cuando le digas que no tienes ni idea de lo que es una ‘glissade’, al contrario: se sentirá feliz de explicártelo.
No así con el fútbol. Una afición siquiera epidérmica por el fútbol es en España una hipótesis de trabajo habitual en conversaciones casuales. El amable taxista encuentra natural aliviar el silencio con una breve referencia al partido de ayer o a la política de fichajes de Florentino, aderezada con opiniones largamente meditadas.
Lo que nos diferencia unos de otros a los no futboleros es la reacción. Están los que encuentran una extraña satisfacción en replicar «es que yo no entiendo de fútbol»,........
