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Un pasito adelante, dos pasitos atrás

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06.06.2026

Exilio, deportaciones y la política de la espera en la tragedia cubana contemporánea

La lógica del retroceso

Hay frases que sobreviven a su tiempo y terminan convirtiéndose en diagnóstico. “Un paso adelante, dos pasos atrás”, título de la obra que Vladimir Ilich Lenin publicó en 1904, sirve hoy como emblema amargo de la experiencia cubana [1]. Cada anuncio de alivio, cada promesa de apertura y cada consigna de cambio acaban neutralizados por una realidad que empuja en sentido contrario [2][3]. Para miles de cubanos, dentro y fuera de la isla, la política se ha vuelto una maquinaria de retroceso: cuando parece abrirse una posibilidad, el costo humano vuelve a cobrar la cuenta [2][3].

“Cada promesa de alivio termina neutralizada por una realidad que empuja en sentido contrario.”

El exilio que aplaude y la familia que paga

En ese ciclo, una parte del exilio cubano ha terminado por actuar como cheerleader de una narrativa que siempre promete el derrumbe inminente del régimen, la transición definitiva o el golpe político que ahora sí cambiará la historia. Se celebran sanciones, se aplauden endurecimientos, se magnifican gestos simbólicos y se venden victorias anticipadas; pero el país real sigue atrapado entre apagones, escasez, salarios pulverizados y una emigración masiva que desangra a la nación [2][3]. La consigna reemplaza al balance y la euforia retórica termina por funcionar como consuelo ideológico ante una realidad que no mejora [2][3].

Mientras tanto, la familia cubana carga con el costo de esa ficción. Hay hogares rotos entre la isla y la diáspora, abuelos criando nietos, padres separados de sus hijos y jóvenes que aprenden demasiado pronto que sobrevivir vale más que imaginar un futuro [2][3][5]. Lo más inquietante es que, a fuerza de repetición, la miseria corre el riesgo de exaltarse como prueba de resistencia, como si aguantar bastara para justificar la condena. La precariedad no ennoblece por sí sola; apenas delata el fracaso de un sistema incapaz de garantizar una vida mínima y de una conversación política que, demasiadas veces, romantiza el sacrificio ajeno [2][3].

“La miseria no se convierte en virtud por el simple hecho de repetirse.”

Deportar el dolor, prolongar la espera

El contraste se vuelve más brutal cuando continúan las deportaciones —o la amenaza inmediata de deportación— para cubanos que salieron huyendo de una crisis profunda y, al mismo tiempo, lo único que reciben en el debate público son promesas de un cambio en Cuba que nunca termina de llegar [2][3][5]. Desde enero de 2025, el fin del parole humanitario dejó expuestos a más de 110,000 cubanos beneficiarios del programa CHNV, mientras distintas coberturas y organizaciones han señalado que decenas de miles de cubanos en Estados Unidos ya cargan con órdenes de deportación definitivas [2][3][5].

Pero la cifra más dura es otra: entre el 20 de enero de 2025 y el 9 de marzo de........

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