¿Por qué debemos preocuparnos por el Súper El Niño?
Las agencias climáticas de todo el mundo ya confirmaron que un fenómeno de El Niño se está formando y ganando fuerza rápidamente en el océano Pacífico. Se espera que alcance un nivel «fuerte» entre julio y septiembre, aumentando el riesgo de olas de calor, sequías y lluvias extremas en diversas regiones del planeta. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo climático de la ONU, ya emitió una alerta global sobre la rápida intensificación del fenómeno.
El Niño es un evento climático producido por el calentamiento de las aguas ecuatoriales del Pacífico y ocurre en ciclos de entre dos y siete años. Este fenómeno altera la circulación atmosférica y sus efectos se sienten en todo el planeta.
Esta vez, los científicos hablan de un «Súper El Niño», el más intenso desde 1877. Aquel año, el fenómeno desencadenó enormes sequías que provocaron pérdidas de cosechas, hambrunas y la muerte de millones de personas (ver recuadro).
Pero, en esta ocasión, la intensidad del El Niño es consecuencia del calentamiento global provocado por la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) liberados a la atmósfera, principalmente por la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón. Es debido al calentamiento global que los años 2023, 2024 y 2025 fueron los más calurosos jamás registrados. Y es también por esta razón que los últimos episodios de El Niño han sido cada vez más intensos.
¿Cuáles son las consecuencias de esta tragedia anunciada?
Una forma de anticipar lo que puede venir es observar los impactos del último episodio de El Niño, ocurrido entre 2023 y 2024, que provocó fenómenos climáticos extremos y consecuencias catastróficas en distintas partes del mundo.
En América del Norte, intensas olas de calor contribuyeron a los mayores incendios forestales de la historia reciente. En Kenia, lluvias extremas provocaron inundaciones devastadoras que afectaron a más de 412.000 personas. En la India, sucesivas olas de calor hicieron que varias ciudades registraran temperaturas superiores a los 50 °C, provocando miles de muertes y numerosos casos de insolación.
En lo que respecta al territorio brasileño, se sabe que El Niño, por lo general, provoca un aumento de las lluvias en la región Sur, sequías prolongadas en el Norte y Nordeste, y una intensificación de las lluvias extremas y las olas de calor en el Sudeste.
Para comprender la magnitud de sus impactos, basta recordar las consecuencias del último episodio, entre 2023 y 2024. Durante ese período, el país sufrió las devastadoras inundaciones en Río Grande do Sul, en mayo de 2024, y la mayor sequía registrada en su historia. La sequía extrema favoreció el avance de los incendios forestales, muchos de ellos provocados por la acción de grandes propietarios rurales vinculados al agronegocio, que aprovecharon las condiciones climáticas para expandir el uso del fuego sobre áreas boscosas.
El resultado fue una temporada de incendios sin precedentes en la Amazonia, el Pantanal, el Cerrado y la Mata Atlántica, cuyos humos se extendieron por amplias zonas urbanas y agrícolas, especialmente en el Sudeste. Al finalizar 2024, el país contabilizó cerca de 30 millones de hectáreas quemadas, una superficie equivalente a la suma de los estados de Río de Janeiro y São Paulo, según el Informe Anual del Fuego (RAF), elaborado por MapBiomas.
Además, también se registraron fuertes tormentas que provocaron los trágicos deslizamientos de tierra en São Sebastião (2023) y en las sierras del estado de Espírito Santo (2023-2024). Asimismo, hubo intensas olas de calor y una explosión de epidemias de arbovirosis, como el dengue.
Europa ya siente los efectos
Sin embargo, lo que puede ocurrir en los próximos meses podría ser mucho peor, advierten los científicos. Un Súper........
