menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Ni con los misiles de Washington, ni con los fusiles de Teherán: La guerra es la misma muerte para el pueblo

18 0
20.03.2026

Las guerras son la salud del Estado. Esta máxima, acuñada hace más de un siglo por el sociólogo Randolph Bourne, sigue más vigente que nunca. En febrero de 2026, Estados Unidos e Israel desencadenaron otro ataque militar contra Irán. Mientras los misiles teledirigidos cruzan las fronteras y las bombas inteligentes caen con precisión quirúrgica sobre objetivos “estratégicos”, lo que vemos es el engranaje más fundamental del poder estatal siendo lubricado con sangre.

La máquina de guerra no es un desvío en la trayectoria de los Estados; es su motor principal. Para Estados Unidos, el complejo industrial-militar es una tajada crucial de la economía: contratos multimillonarios con Lockheed Martin, Raytheon, General Dynamics. Las acciones suben, los accionistas lucran, los generales ascienden y los políticos reciben financiación de campaña. La guerra en Irán no es un accidente, es un negocio. Es la garantía de que el Pentágono seguirá consumiendo más recursos que cualquier programa social. Mientras tanto, jóvenes estadounidenses son enviados a morir o matar en nombre de la “seguridad nacional”, cuando en realidad están sirviendo a las ganancias de una élite que nunca verá un campo de batalla.

Pero no nos engañemos: el Estado iraní, objetivo de los bombardeos, es tan vil como sus agresores. El mismo régimen que ahora ve su territorio violado por potencias extranjeras es el mismo que, en enero de 2026, asesinó a sangre fría al menos a 250 mujeres en las protestas internas. Es el mismo que, en 2025, ejecutó a 55 mujeres, arrestó arbitrariamente a otras 182 y condenó a 80 activistas a penas de prisión, azotes y muerte. Es el régimen que registró, al menos, 207 feminicidios en el mismo período, muchos de ellos disfrazados de “crímenes de honor”. Las mujeres kurdas, en particular, sufren una doble opresión: 24 de ellas murieron en las manifestaciones de enero, y otras 30 fueron víctimas de feminicidio solo en las provincias kurdas en 2025.

El ataque de EE.UU. e Israel no es una misión de liberación. No se dejen engañar por el discurso humanitario que intenta justificar la intervención. Los mismos Estados que bombardean Teherán son los que arman y financian dictaduras en la región, los que cierran los ojos ante las masacres cuando les conviene. La “preocupación” por las mujeres iraníes es una cortina de humo para ocultar intereses geopolíticos: petróleo, gas, corredores estratégicos, hegemonía regional. Mientras tanto, las verdaderas víctimas —las mujeres, los kurdos, los bahá’ís, los activistas— siguen siendo aplastadas entre el martillo del Estado teocrático iraní y el yunque del imperialismo occidental.

La guerra fortalece a los Estados de ambos lados. En Teherán, el ataque extranjero sirve para unificar a la población en torno al régimen, silenciar las voces disidentes y justificar una represión aún más brutal. En Washington, la guerra desvía la atención de los problemas internos, infla el presupuesto militar y refuerza el control social bajo el manto del patriotismo. Los Estados se alimentan mutuamente, como depredadores que compiten por la misma presa: la........

© Kaos en la red