Nicaragua contra EE.UU: cuarenta años de una sentencia histórica que sigue esperando justicia
Este artículo se publica con motivo del cuarenta aniversario de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que dictó contra Estados Unidos, el 27 de junio de 1986. Y Coincide, además, con el impulso de la campaña internacional «¡Nicaragua se Respeta!», promovida para reforzar la exigencia del cumplimiento efectivo de aquel fallo, reclamar el pago de la indemnización reconocida por la Corte y dar mayor proyección internacional a una reivindicación que el Estado nicaragüense nunca ha abandonado y que ha defendido de forma constante, especialmente desde el regreso del FSLN al Gobierno, en el 2007.
Este artículo se publica con motivo del cuarenta aniversario de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que dictó contra Estados Unidos, el 27 de junio de 1986. Y Coincide, además, con el impulso de la campaña internacional «¡Nicaragua se Respeta!», promovida para reforzar la exigencia del cumplimiento efectivo de aquel fallo, reclamar el pago de la indemnización reconocida por la Corte y dar mayor proyección internacional a una reivindicación que el Estado nicaragüense nunca ha abandonado y que ha defendido de forma constante, especialmente desde el regreso del FSLN al Gobierno, en el 2007.
El pequeño país que llevó a juicio a la mayor potencia del planeta
Hay acontecimientos que pertenecen a la historia de un país y otros que terminan formando parte de la memoria universal de los pueblos. El 27 de junio de 1986 pertenece a esta segunda categoría. Ese día, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictó una sentencia que marcaría un antes y un después en la historia contemporánea del Derecho Internacional: un pequeño país centroamericano había logrado llevar ante la justicia internacional a la mayor potencia militar, económica y política del mundo.
Nicaragua no llegó hasta La Haya porque dispusiera de grandes recursos, influencia diplomática o capacidad militar para enfrentarse a Estados Unidos. Llegó porque defendía un principio que consideraba esencial: el derecho de un pueblo a decidir libremente su destino sin sufrir la intervención de una potencia extranjera.
desde entonces, aquel proceso continúa siendo uno de los casos más estudiados en universidades, facultades de Derecho y centros de investigación de todo el mundo. La razón de su importancia va mucho más allá de la propia historia de Nicaragua. El caso representa una de las grandes discusiones del sistema internacional moderno: si el Derecho puede realmente imponerse a la fuerza cuando quien incumple las normas es una gran potencia mundial.
Este precedente jurídico sigue siendo una referencia fundamental para estudiar principios como la soberanía de los Estados, la prohibición del uso de la fuerza y el principio de no intervención. Pero también sigue planteando una pregunta que continúa abierta: ¿Qué ocurre cuando un tribunal internacional reconoce la responsabilidad de un Estado y ese Estado decide no cumplir las consecuencias de la sentencia?
La historia de aquel proceso judicial no puede entenderse únicamente desde los documentos de la Corte. Detrás de la batalla jurídica existió una historia mucho más amplia: la de un pueblo que intentaba construir un proyecto social después de décadas de dictadura y desigualdad; la de una guerra que causó miles de víctimas; y la de miles de personas procedentes de distintos países que llegaron a Nicaragua movidas por la solidaridad internacional.
Porque Nicaragua durante los años ochenta no fue solamente un escenario de la Guerra Fría. Fue también un lugar donde varias generaciones vieron la revolución era posible, y que la solidaridad entre pueblos podía convertirse en una forma concreta de militancia solidaria.
Una revolución que despertó la solidaridad de los pueblos
Para comprender la importancia histórica del caso Nicaragua contra Estados Unidos es necesario regresar al año 1979, cuando el triunfo de la Revolución Popular Sandinista(RPS) puso fin a la dictadura de Anastasio Somoza, un régimen que durante décadas había mantenido una estrecha alianza con Washington.
La victoria sandinista abrió una nueva etapa política en Nicaragua. Un país empobrecido, marcado por profundas desigualdades sociales y con enormes carencias estructurales, inició un proceso destinado a transformar las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Entre las primeras grandes iniciativas se encontraba la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980, una campaña que movilizó a miles de jóvenes y trabajadores para recorrer las comunidades rurales del país con el objetivo de enseñar a leer y escribir a quienes habían quedado excluidos durante generaciones del acceso a la educación.
Aquella campaña se convirtió en uno de los símbolos más importantes de la nueva Nicaragua. No era únicamente una acción educativa; representaba la idea de que la transformación social comenzaba por otorgar herramientas de conocimiento y participación a quienes históricamente habían sido marginados.
La Revolución Sandinista impulsó también programas sanitarios, proyectos de reforma agraria, cooperativas campesinas, construcción de escuelas y planes de desarrollo destinados a las zonas rurales más abandonadas.
Como había ocurrido anteriormente con la Revolución Cubana, Nicaragua despertó una enorme atención internacional, se convirtió en un referente para numerosos movimientos de solidaridad en todo el mundo. Personas de diferentes países entendieron que lo que ocurría en aquel pequeño país centroamericano, ese nuevo proceso revolucionario, formaba parte de una cuestión más amplia: la defensa del derecho de los pueblos a elegir su propio camino sin presiones ni imposiciones externas.
Desde Europa llegaron médicos, maestros, técnicos y cooperantes. Desde América Latina llegaron profesionales vinculados a proyectos sanitarios, educativos y comunitarios. Incluso desde Estados Unidos llegaron personas que rechazaban la política de su propio Gobierno y decidieron colaborar con la población nicaragüense.
Miles de personas participaron en tareas de alfabetización, atención sanitaria, construcción de infraestructuras, electrificación rural y apoyo a comunidades campesinas.
Nicaragua se convirtió en un punto de encuentro del internacionalismo. Para muchos de quienes llegaron al país, la solidaridad no era simplemente una declaración política, sino una práctica cotidiana: atender a unas familias en una comunidad aislada, instalar una bomba de agua donde nunca había existido, llevar electricidad a una zona rural o enseñar a leer a personas adultas que nunca había tenido acceso a una escuela.
Precisamente por ello, cuando la guerra comenzó a intensificarse, muchos de esos proyectos civiles quedaron situados en el centro del conflicto.
La guerra de la Contra y el precio humano de la intervención
La llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca en 1981 transformó profundamente la relación entre Washington y Managua. En el contexto de la fase final de la Guerra Fría, la Administración estadounidense consideró que la Revolución Sandinista constituía una amenaza estratégica para sus intereses en América Central y adoptó una política orientada a debilitar y, en última instancia, derrocar al Gobierno sandinista mediante el apoyo a las fuerzas contrarrevolucionarias.
La implicación de EE.UU en la creación, organización y sostenimiento de la Contra, se demostró más tarde y está ampliamente documentada a través de archivos oficiales desclasificados, investigaciones del Congreso estadounidense y resoluciones judiciales internacionales. En noviembre de 1981, el presidente Reagan firmó la Directiva de Decisión de Seguridad Nacional 17 (NSDD-17), que autorizó formalmente a la CIA a destinar 19,5 millones de dólares al reclutamiento, entrenamiento, equipamiento y financiación de una fuerza paramilitar clandestina destinada a operar en Nicaragua. La CIA desempeñó un papel central en la organización de la insurgencia, unificando diversas facciones de exguardias somocistas y grupos disidentes establecidos principalmente en las fronteras de Nicaragua con Honduras y Costa Rica para conformar la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), la principal organización de la Contra. Además de proporcionar armamento, apoyo logístico y asesoramiento militar, la agencia elaboró y distribuyó directamente los manuales de operaciones psicológicas y de combate empleados por estas fuerzas.
La guerra que se desarrolló durante los años ochenta tuvo consecuencias devastadoras para Nicaragua. No se trató únicamente de enfrentamientos entre fuerzas militares. La violencia alcanzó comunidades rurales, infraestructuras civiles y proyectos sociales que intentaban mejorar las condiciones de vida de la población.
Escuelas, centros sanitarios, cooperativas agrícolas, instalaciones eléctricas y otras infraestructuras fueron dañadas durante un conflicto que obligó a un país con enormes dificultades económicas a dedicar una parte importante de sus recursos a la defensa.
La dimensión humana de aquella guerra quedó reflejada en........
