8M: la memoria de la lucha y la rabia que aún nos sostiene
El 8 de marzo no es una celebración. No nació entre flores ni felicitaciones. Nació entre el humo, la explotación y la conciencia. Nació de la rabia. El origen del 8M está en las entrañas del sistema industrial que convirtió el cuerpo de las mujeres en herramienta barata, en extensión invisible de la maquinaria productiva. A finales del siglo XIX y principios del XX, miles de mujeres trabajaban jornadas interminables en fábricas textiles, cobrando menos que los hombres, soportando condiciones insalubres, sin derechos, sin descanso y sin voz. No era casualidad. Era estructura.
Fue en 1910 cuando la revolucionaria socialista Clara Zetkin propuso establecer un Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No para homenajear, sino para organizar. No para agradecer, sino para luchar. El feminismo, en su raíz más profunda, no nació como una demanda simbólica, sino como una confrontación directa contra el poder económico y patriarcal.
Un año después, en 1911, más de un millón de mujeres se movilizaron en Europa. Y en 1917, en Petrogrado, las mujeres salieron a las calles exigiendo “pan y paz”. Aquella protesta fue el detonante de la Revolución Rusa. Las mujeres no solo estaban en la historia: la estaban empujando. Décadas después, la Naciones Unidas reconocería oficialmente el 8 de marzo. Pero el reconocimiento institucional no debe hacernos olvidar que este día no pertenece al poder. Pertenece a la lucha.
El feminismo: una conciencia que rompe el silencio
El feminismo no es una moda,........
