¡Ay Gaza! ¡Ay Israel! ¡Ay humanidad!
La propagación de diferentes coplas acerca del único país democrático de Oriente Medio, y su ejército, Tsahal, el más humanitario y moral del mundo, quedan plasmadas en la realidad con la figura de Abadón, el ángel exterminador bíblico, tal es la figura de la furia asesina que practica el Estado hebreo. No es que Hannah Arendt estuviese dotada de poderes proféticos, pero al final, y al principio, se han cumplido sus previsiones, cuando pronosticaba la inevitable conversión del Estado de Israel en un Estado-Esparta, armado hasta los dientes, si en cuenta se tenía que en aquellas tierras, contra lo que manifestasen las interesadas falacias sionistas, había gente, árabes, palestinos que obviamente no verían con buenos ojos la llegada de gentes de otros lugares, imponiendo, reclamando tierras, robándolas, expulsando a sus habitantes y propietarios, a la vez que rebautizando los lugares con su lengua que sepultaba la original de muchos enclaves topológicos. Así pues, desde la instalación del Estado de Israel, en 1948, la política guerrera y expansionista no ha cesado, socapa de la necesaria ampliación del espacio vital (de Lebensraum, hablaban los nacionalsocialistas) para acoger a toda la potencial llegada de judíos de otras partes del mundo. Proceso infame, basado en la limpieza étnica, que va desde la Nakba de 1948 a la actual Karitha, manera de nombrar en árabe con mayor fuerza la catástrofe, no ha cesado de funcionar como un peluco suizo.
Sobre el tema, más ahora ante el descarado genocidio en marcha, mucha tinta ha corrido en paralelo a la sangre que en cantidades enormes han regado la tierra, llena de ruinas, un par de libros abordan el tema con rigor y fuerza denunciadora; escritos que son como gritos que se unen a los de las víctimas de la aniquilación. Vamos por partes.
Gilbert Achcar (Beirut, 1951), reconocido experto en relaciones internacionales y geopolíticas, además de autor de numerosas obras sobre dichos temas, es el autor de la obra publicada por editorial Icaria: «La catástrofe de Gaza. El genocidio en perspectiva histórica». Desde el inicio el autor no se anda con chiquitas sino que muestra el panorama desolador en que el sionismo colonialista convierte las tierras palestinas, dando cifras de las muertes, asesinatos, y las añadidas por el hambre provocada y por las enfermedades, a sumar los desaparecidos bajo los escombros, hablando de 220.000 muertos en total según rigurosas estimaciones, con la incidencia en tal situación los bombardeos sobre hospitales lo que hace que la población sea cada vez más vulnerables, así al genocidio -del que se toma la definición de organismos internacionales- se ha de añadir el ecocidio, domicidio, culturicidio, educidio o escolicidio. Si ahora la situación es de espanto, acentuada con la llegada, la segunda, de Donald Trump al poder y su apoyo incondicional al gobierno de coalición de neofascistas (el Likud de Benjamin Netanyahu) y neonazis (de la talla de los ministros ultraderechistas Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich), en su empeño por borrar del mapa a los palestinos, empresa que viene de lejos, de los mismos tiempos de la fundación del Estado de Israel, con sus políticas de limpieza étnica, apartheid y discriminaciones consagradas por la ley. Si la respuesta a la matanza del 7 de octubre de 2023, protagonizada por Hamas -Achcar la considera como «el error de cálculo de la historia de la lucha anticolonial»- ha elevado la catástrofe a niveles ciertamente catastróficos, desencadenando la masacre en curso; aun así. la operación aniquiladora del Estado sionista, reitero, viene de lejos, del mismo modo que los apoyos de los USA también, no queda en el olvido la labor de Biden y otros gobernantes anteriores.
El autor mira hacia atrás para aportar la génesis y desarrollo que ha conducido a la catástrofe actual y enfatiza en la creciente presencia y dominio de la extrema derecha en el gobierno israelí y las consecuencias del aumento del descaro en el uso bestial de la violencia contra los palestinos, con el abierto propósito de mandarles de sus tierras, vaciándolas. Obviamente si desde los primeros pasos de la implantación sionista la magnitud de la tragedia iba en aumento, atravesando diferentes fases, la brutal actuación del 7 de octubre por parte de Hamas, ha ofrecido una excusa y carta blanca para entrar a saco en Gaza y, ya el envalentonado Netanyahu y su tropa por el abierto apoyo del king norteamericano, emprenderla con Líbano de donde hubieron de retirarse, en 2000, por el hostigamiento de Hezbolá, en un rotundo fracaso del uso de una violencia destructora y desproporcionada, volvieron a las andadas en 2006…repitiendo ahora la política de destrucción.
Si la llegada de gentes de diferentes horizontes y la usurpación de sus tierras y bienes, acompañadas de su expulsión, condujo, como habían previsto algunos, a una militarización frente a la hostilidad que rodeaba al nuevo Estado que se constituyó, como campamento de los intereses europeos y norteamericanos, produciéndose un descarado oxímoron: Estado democrático y judío, Estado democrático y militarizado; la cosa ha ido empeorando ante el crecimiento de las posiciones extremistas de derecha en los gobiernos israelís, que como eje tiene desde hace años el Likud de Netanyahu, que no hace ascos a unirse con lo más rancio de las ideas retrógradas hasta las de quienes practican posturas propias del nazismo. Esta derechización creciente no resulta extraña si en cuenta se tienen los cimientos, ideológicos, religiosos y políticos, en que se basó la creación de dicho Estado. El camino que conducía a un Estado-isla estaba cantado desde el comienzo, y el autor recorre la historia que, con sus más y sus menos, conduce a la catástrofe actual, presentando una investigación pormenorizada de las consecuencias para el pueblo palestino, para otros pueblos de la región y para las relaciones internacionales en general; y el camino directo de Israel a convertirse en un Estado paria. La coincidencia es flagrante y paradójica ya que la puesta en pie del Estado de Israel coincidía con el final de la empresa colonial, como quedaba patente con la independencia de la India, acabando con el dominio británico; así pues, fue una fundación contracorriente con los aires de los tiempos.
Las tres partes que componen la obra........
