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Blas Infante y la teoría de la crisis

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27.04.2026

«Quiebra de Europa y de España tradicional. Es la hora»1

«España fue y es una hacienda unificada por el derecho divino de los reyes»2

«Y sólo cuando el cacique se ponga enfrente […] deberá ser atacado; pero en este caso ha de serlo con violencia implacable, con ira inmensa y desprecio profundo, como si todo el virus de la degeneración andaluza estuviese acumulado en su repugnante cabeza»3

Las tres citas de Blas Infante escogidas del libro de Carlos Ríos sobre el revolucionario andaluz abajo referenciado, encuadran el fin de este comentario. La primera cita nos abre el camino a la actualidad del pensamiento infantiano en el siglo XXI al plantear la cuestión de la «quiebra», de la crisis capitalista y las perspectivas que se abren con ella. A partir de aquí, la segunda nos lleva a fallas estructurales de «España» que imposibilitan el desarrollo de la libertad plena en el siglo XXI. Y la tercera nos lleva al debate clásico en la historia de la emancipación humana y crucial también en el presente, sobre la violencia opresora y la oprimida, y sobre la dialéctica entre los fines y los medios.

J. Carlos Ríos ha hecho una síntesis imprescindible del rico y complejo ideal andalucista de Blas Infante, nacido en 1885 en Casares, Málaga. Persona inteligente y metódica, hizo la carrera de Notaría en la mitad de tiempo. Para finales de 1913, con 28 años, era ya conocido por sus ideales andalucistas. Para esos años, el notario andaluz ya conocía la historia de la lucha de su pueblo en el siglo XIX como la proclamación de independencia en 1873 durante la Revolución Cantonal (p. 73). Más adelante, leyó la Constitución de Antequera de 1884 y en 1919 fue testigo del tremendo movimiento detrás del lema: «¡Viva Andalucía libre! ¡Muerte a los caciques!» (p. 103).

Carlos Ríos nos advierte de que sus obras últimas, las que mejor expresan su pensamiento revolucionario, fueron quemadas por su viuda cuando él fue detenido en un vano intento de evitar su asesinato. Blas Infante fue fusilado sin juicio previo por los fascistas el 11 de agosto de 1936 en Sevilla, se sabe exactamente dónde se produjo el crimen pero aún se desconoce dónde están sus restos. Se le hizo un parodia de juicio póstumo el 4 de mayo de 1940 que le condenó a muerte y también condenó a su viuda al pago de una multa de 2.000 pts., una fortuna en aquella época. Todo eso casi cuatro años después de su asesinato.

Inmediatamente después el franquismo se lanzó a denigrarlo acusándole de todo para luego intentar sepultarlo por segunda vez liquidando su memoria. Con la “transición” el bloque reformista en su conjunto ha falsificado las ideas infantianas en cinco aspectos centrales que Carlos Ríos reivindica y enumera así: 1) Blas Infante no era «autonomista». 2) Blas Infante no era defensor de la «integridad» del Estado español. 3) La Andalucía libre de Blas Infante era una Andalucía internacionalista. 4) Blas Infante era profundamente anticapitalista. 5) El «hombre nuevo» y el «nuevo pueblo andaluz» de Blas Infante. (pp. 21-31).

La quíntuple característica del pensamiento infantiano se fusionan en una que destroza el intento de presentar al notario de Casares como ese burgués (p.48) anhelado por el reformismo sea cual fuere su careta externa. La cuestión de la propiedad de la tierra fue la que separó en dos bloques antagónicos al andalucismo reformista del andalucismo revolucionario, con el que él se identificaba. El primero se limitaba a medidas pobres y superficiales que en el fondo reforzaban el sistema explotador; el segundo fue resumido así en 1921 por el notario de Casares: «Revolución a todo trance contra el régimen capitalista; pero revolución no formal, o legislativa, o burocrática, sino revolución honda, esencial o fundamental del espíritu» (p.17). La propiedad de la tierra o si se quiere la propiedad de la vida, rompió las relaciones entre ambos sectores porque entonces y ahora la propiedad privada en sí y en especial la de la tierra, es el nudo gordiano del futuro de Andalucía y de la Humanidad.

Blas Infante exigía que: «la tierra andaluza para el jornalero andaluz» (p. 40). Más aún, entendía que la recuperación por los campesinos de la tierra privatizada por y para le burguesía, o para decirlo directamente, la revolución o reforma agraria radical, era el primer paso al comunismo (p. 41). No era una crítica nueva, ya que negó el derecho burgués de propiedad desde los inicios de su conciencia política (p.33), siendo como era «un comunista sin ambages» (p.35) que se jugaba la vida explicando por qué había que organizar «una valiente y aún temeraria acción revolucionaria» (p. 60) que acelerara la «revolución que suprima todas las clases» (p.112).

¿Qué entendía Blas Infante en 1931 por «quiebra» de Europa y del Estado español? ¿Había llegado la hora de qué? Si en 1931 era la hora de un avance sostenido hacia la libertad de Andalucía ¿podemos pensar lo mismo en 2026, casi un siglo después? ¿Podemos hablar de la misma «quiebra» capitalista entonces y ahora? ¿Y si sí podemos hacerlo… cómo debemos proceder? La reflexión que proponemos aprovechando el libro de Carlos Ríos se sostiene alrededor de estas y otras preguntas.

Blas Infante habló de «quiebra» europea y española en 1931. Las escribió para denunciar el complot españolista contra un mitin de la candidatura andalucista de Blas Infante, en la base aérea de Tablada. Todo indica que se buscaba criminalizarle de cara a las próximas elecciones porque el andalucismo revolucionario echaba raíces en el pueblo. La formación teórica de Blas Infante era, además de otras corrientes, sobre todo una mezcla de socialismo utópico, teoría marxista........

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