Frantz Fanon: La locura que nos revela (4)
Centrándome ya en impresiones y reacciones subjetivas al contenido de la biografía, déjenme sugerirles el aprendizaje estético, político y vital del contraste que se establece entre la actitud de Albert Camus y la de Fanon ante el fenómeno colonial. Adam Shatz desnuda magistralmente las contradicciones de Camus y, haciéndolo, nos insinúa una lección tan necesaria como paradójica y desconcertante: tampoco los musos -y las musas- del existencialismo Europeo, por mucho que se afanasen en deconstruir el esencialismo filosófico que subyace en la tradición del humanismo clásico -en todas sus vertientes-, reivindicando, en consecuencia, la libertad radical del sujeto y su autoconstrucción como tal, fueron capaces de superar la violencia epistémica intrínseca al discurso eurocéntrico y colonial.
El 10 de Diciembre de 1957 Camus recibe el premio nobel. Ya el 12 de Diciembre, un estudiante argelino le pregunta en público porqué denunció con tanta vehemencia los crímenes del estalinismo desde los foros de debate de la prensa Europea pero nunca así los del colonialismo francés en Argelia. Camus no entendió -o no quiso entender- la pregunta, y respondió:
– “Siempre he denunciado el terrorismo. Tengo que denunciar también un terrorismo que se ejecuta a ciegas en las calles de Argel y que cualquier día puede afectar a mi madre o a mi familia. Creo en la justicia, pero defenderé a mi madre antes que a la justicia”
Camus, así pues, da prioridad a los lazos o afectos familiares –lo que es lo mismo que decir a su relación con sujetos y personas concretas- que al principio abstracto de la Justicia. Lo que Camus no alcanzó a ver es que la justicia nunca había sido una abstracción para........
