Declaración 1 de Mayo: ¡Beneficios empresariales y presupuestos militares para escuelas, hospitales y vivienda!
Una victoria que abre el camino
Este 1º de Mayo queremos empezar con una buena noticia: las seis trabajadoras de La Suiza ya están en libertad. Tras 267 días encarceladas injustamente, el indulto —agridulce, porque jamás deberían haber pisado la cárcel— les devuelve la libertad que nunca debieron perder. Se organizaron para enfrentarse al acoso laboral y sexual de un empresario, y lo obligaron a retroceder e incluso a marcharse con su negocio a otra ciudad. Su valentía y su organización demostraron algo fundamental: cuando la clase obrera se une y se moviliza, puede hacer retroceder al patrón.
Pero junto a esta victoria hay que señalar también la otra cara: los trabajadores del metal de Cádiz siguen siendo perseguidos mediante listas negras para que no les contraten si se atreven a protestar. La represión sindical no es un accidente. Cuando aumenta la producción, el capital intensifica la explotación y, con ella, los ataques a quienes se organizan. La Ley Mordaza —que este gobierno prometió derogar y no ha derogado— sigue criminalizando la protesta. Defender los derechos de la clase trabajadora nunca puede ser delito, por eso este 1M aprovechamos para mandar nuevamente todo nuestro apoyo a Jesús y Manuel, que encabezan ya más de 20 días de protesta.
Un mundo en guerra, también nuestro imperialismo
Vivimos en una época de agresiones imperialistas permanentes. Rusia lleva más de cuatro años imponiendo una guerra de conquista al pueblo ucraniano, que resiste de forma heroica frente a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Las ayudas de Occidente han sido siempre insuficientes y condicionadas: Trump no ha dejado de coquetear con Putin, y entre los dos han intentado repartirse el pastel ucraniano, uno anexionándose territorio y el otro expoliando sus recursos naturales. Mientras tanto, la Unión Europea —incapaz de articular una política autónoma y coherente— bloquea sus propias ayudas cuando Orbán lo decide y mira hacia otro lado.
Israel, con el apoyo directo de Estados Unidos y la complicidad del resto del mundo, está cometiendo desde hace más de 3 años un genocidio televisado contra el pueblo palestino. Una masacre que, lejos de terminar, se ha extendido: primero con los ataques al Líbano, y después con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, donde intentaron la misma fórmula que en Venezuela —eliminar a la cúpula dirigente para imponer un gobierno títere— pero esta vez calcularon mal. La resistencia fue sin precedentes, con ataques directos contra intereses estadounidenses e israelíes en la región, el estrecho de Ormuz comprometido y el precio del petróleo disparado, hasta el punto de que Trump llegó a pedir a la comunidad internacional el levantamiento de las sanciones a Putin para abaratar el barril de petróleo: el síntoma más claro del caos que ha generado su propia política.
Pero hay un actor que los medios casi nunca señalan: la Unión Europea. Mientras se llena la boca con el derecho internacional, la UE sostiene y ha sostenido regímenes dictatoriales, ha intervenido militarmente en el Sahel, financia centros de internamiento para migrantes en Mauritania y es incapaz de imponer sanciones reales a Israel.
Sin embargo, la decadencia de las instituciones internacionales no empieza con Trump: viene de la crisis económica de 2008 y del propio funcionamiento del capitalismo. La ley del más fuerte no la inventó Trump: es la regla del juego de siempre, que Europa aplica cuando le........
