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Mercenarios y fascistas

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23.02.2026

Los medios funcionales a las oficinas hegemónicas echan mano a la bolsa de residuos de la historia para reconvertir lo obsceno en proeza, lo mediocre en virtud, lo delictivo en acto de heroísmo.

Lo que era despreciable hoy es agradable, lo más bajo del ser humano se ha convertido en ejemplo a seguir. Todo sirve para cantar a coro loas a la guerra planificada en Ucrania.

No es solo la demonización de Rusia, esto apenas es un detalle. Es la intención de desmantelar la construcción de una alternativa multipolar en un planeta fosilizado por el manoseo imperial anglosajón. Demonizar a Rusia es el complemento de la demonización a China, el trofeo más ambiciado por las corporaciones occidentales. Y luego India, Sudáfrica y Brasil y los demás BRICS fundadores y adherentes que integran el grupo separatista».

Vemos a diario los ataques perversos rusos sobre territorio ucraniano, cientos de artefactos explosivos que golpean las ciudades y causan muerte y destrucción. La tasa de víctimas civiles en los cuatro años de guerra es la más baja de todas las guerras y hay operativos de bombardeo a puntos estratégicos que no ocasionan un solo herido leve. La prensa occidental no tiene interés en bombardeos que no produzcan muerte. Siempre hay alguno en los informes, aunque bomberos, Cruz Roja, Defensa Civil y el mismo ejército ucraniano no hablen de víctimas. (Curioso: en Ucrania las agregan, en Gaza las quitan)

La práctica es sumar y, con insistencia, mostrar peluches en la calle, hamacas rotas y abuelitas llorando. No solo las abuelitas lloran la tragedia, todos lloramos la tragedia de esta guerra puesta a aplastar humanidad en un territorio alquilado a gran costo por los mercaderes de armas.

En los valerosos servicios de prensa que llegan a tu casa no faltan los héroes de tu país que han corrido a poner el pellejo a favor de la justicia y la libertad. Tal vez les hagan monumentos en la plaza del barrio. Esta sociedad vacía de conciencia necesita héroes para no sentirse en culpa. En Argentina se han reproducido artículos y servicios televisivos sobre mercenarios locales caídos en el frente ucraniano. No faltaban las palabras: patriota, libertad, guerra justa, heroísmo.

La instrumentalización de la gente en su pico máximo.

Miles de colombianos han dejado sus últimos segundos de vida en aquellas trincheras de la guerra ajena. Creyeron que sus andanzas en los grupos paramilitares, fuerzas militares y policiales que extorsionaron y asesinaron pobladores rurales de Colombia, bastarían para anular las ofensivas «soviéticas». El puñado de dólares como motivador del viaje los empujó al frente de combate y allí quedaron, más pobres que antes. No es lo mismo disparar a agricultores y vecinos desplazados o producir falsos positivos, que combatir contra los rusos.

El ejército ruso mantiene la tradición implacable desde hace ochenta años. No fue casualidad la victoria sobre los nazis y el ingreso al Reischtag. La desaparición de la URSS no disolvió su historia ni sus fuerzas armadas, todo lo contrario, causó una enorme renovación militar. El ejército ucraniano, también heredero de aquella Armada Roja, es una fuerza compacta y dura, tal vez entre los mejores ejércitos de los países europeos. Resulta incomprensible, con esa tradición, que Ucrania admire y celebre personajes para-nazis como Stephan Bandera. La OTAN está aprendiendo mucho de esta guerra. Ningún paramilitar latinoamericano tiene la calificación necesaria para estar allí, pero llegan y firman y saltan al frente, moderna carne de cañón con la que la alta oficialidad ucraniana juega a cubrir huecos defensivos protegiendo a sus tropas más calificadas. Los mercenarios llegan, miran alrededor, y mueren. Final.

Para los medios occidentales la historia es otra, los mercenarios son portadores de magnas virtudes y merecen las plumas de sus escribas como medalla justiciera.

La Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, el Financiamiento y Entrenamiento de mercenarios, de 1989, establece que contratar mercenarios es un delito y viola el Derecho Internacional. Ucrania los recluta por miles.

Los mercenarios no son combatientes, no gozan del status de prisionero de guerra (Convención de Ginebra, 1949).

Los mercenarios no son combatientes, no gozan del status de prisionero de guerra (Convención de Ginebra, 1949).

Los soldados que luchan por su patria ven en los mercenarios un residuo a eliminar. No son considerados sino como mano de obra al mejor postor, hoy están con este ejército y mañana con el otro.

Ellos lo saben, entre mercenarios está claro que no hay una segunda oportunidad en el frente. Mientras los soldados son tomados prisioneros, ellos son eliminados. El código no dicho, el secreto a voces de una guerra. Pero siguen llegando atraídos por campañas en sitios de internet y el entusiasmo sembrado por los medios hegemónicos que ensalzan heroísmo donde no lo hay.

En medio de todo esto, millones de dólares se destinan a campañas de reclutamiento, influencer especializados, amigos de un amigo que vende uniformes y botas, «agencias de turismo que venden los pasajes», personal de «adiestramiento», contratos, seguros y otros ítems. Son fondos reservados como fondos públicos de países occidentales. Bah, los fondos reservados también salen de tus impuestos.

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El fascismo es un crimen. El Tribunal de Justicia de Bari, Italia, condenó a 12 fascistas de casapound, una cueva mussoliniana que ha sido permitida por los gobiernos italianos a pesar de los desmanes y ofensas producidas. La reorganización del partido fascista, las manifestaciones organizadas y los hechos de violencia protagonizados fueron la causa que llevó a los ultraderechistas a la cárcel con penas que rondan los dos años de reclusión.

Es la primera vez que se reconoce este delito. La Constitución italiana establece en su artículo XII de las disposiciones transitorias que está prohibida la reorganización del partido fascista «bajo cualquier forma». Los casapound arman cuadrillas para apalear homosexuales, inmigrantes y atacar manifestaciones de izquierda.

No es nuevo. En 1938 las leyes raciales de Mussolini ponían el foco en la supremacia racial italiana. Adefesios como casapound van no solo reprimidas con la Ley sino también prohibidas y disueltas.

Es saludable para la Paz, la República y la Democracia.

Gabriel Impaglione Ilustración Kaosenlared


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