500 años después: de la servidumbre voluntaria a la servidumbre energética
La nueva dimensión de la dependencia humana
Hace casi cinco siglos, un joven pensador francés formuló una pregunta que todavía incomoda: ¿por qué los seres humanos aceptan someterse a un poder que los domina? Étienne de La Boétie, en su Discurso de la servidumbre voluntaria, no se limitó a describir la tiranía; intentó penetrar en uno de sus misterios más profundos: cómo la dominación puede llegar a convertirse en costumbre, cómo la dependencia es interiorizada y de qué manera una sociedad termina reproduciendo las condiciones de su propia subordinación.
La pregunta de La Boétie sobrevivió a su tiempo porque la servidumbre no desapareció con las transformaciones políticas de la modernidad. Cambiaron los gobiernos, las instituciones, las economías y las tecnologías; aparecieron nuevas formas de ciudadanía y nuevos derechos. Sin embargo, también emergieron inéditas dinámicas de sometimiento. Quinientos años después, se vuelve indispensable formular una interrogante adicional: ¿qué ocurre cuando una sociedad políticamente libre permanece materialmente dependiente de estructuras que no controla?
El ciudadano contemporáneo vota, elige a sus gobernantes, expresa sus opiniones y ejerce derechos civiles. Se considera libre. No obstante, requiere energía para la totalidad de las acciones que constituyen su existencia moderna: iluminar su vivienda, conservar sus alimentos, regular su temperatura, desplazarse, comunicarse, trabajar, producir, estudiar y acceder a los bienes esenciales. La energía se ha convertido en la condición invisible de toda libertad efectiva.
De allí surge una nueva dimensión de la vulnerabilidad humana: la servidumbre energética.
No se trata de afirmar que toda necesidad energética constituya de forma automática un yugo. Se trata de reconocer que una sociedad cuya supervivencia material depende en su totalidad de estructuras........
