La «Lógica de la claudicación»: de la rendición en Venezuela a la rendición universal
«El planteamiento de José Manuel Rivero se construye sobre una premisa falsa y un falso dilema»
En esta contrarréplica, Cristóbal García Vera responde a José Manuel Rivero analizando la que considera una “lógica de la claudicación” y las implicaciones que esta tendría -en su opinión- para cualquier proyecto político que aspire a superar el orden capitalista.
Por Cristóbal García Vera
La contrarréplica de José Manuel Rivero a nuestra respuesta a su artículo “Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación” nos ofrece una magnífica oportunidad para abordar el fondo esencial de este debate: una “lógica” utilizada por Rivero para justificar las claudicaciones del gobierno de Delcy Rodríguez, que trasciende el caso venezolano y parte de un supuesto que, de ser aceptado, condenaría de antemano al fracaso a cualquier proceso político emancipador.
EL FALSO DILEMA DE LA “ANIQUILACIÓN” DE VENEZUELA
El planteamiento general de José Manuel Rivero se construye sobre un falso dilema que busca presentar su postura como la única “razonable” frente a lo que él califica como una “abstracción”.
Se trata de la premisa de que, tras el último ataque estadounidense a Venezuela, no existiría ya ninguna alternativa posible más allá de aceptar todas las exigencias de Donald Trump para evitar una supuesta “aniquilación”.
“La agresión del 3 de enero de 2026 no fue solo un acto de guerra contra la República Bolivariana de Venezuela; fue – afirma el letrado grancanario – una declaración de exterminio que exige una respuesta que privilegie la existencia misma del proyecto bolivariano sobre cualquier abstracción teórica” (1).
«Maduro, Cabello o Padrino López prometían estar preparados para resistir, ‘rodilla en tierra’, cualquier intervención militar y desarrollar una guerra prolongada de todo el pueblo»
«Maduro, Cabello o Padrino López prometían estar preparados para resistir, ‘rodilla en tierra’, cualquier intervención militar y desarrollar una guerra prolongada de todo el pueblo»
Esta apelación a la “aniquilación”, formulada de forma dramática, se apoya en el impacto emocional para presentar cualquier discrepancia argumentada como una muestra de irresponsabilidad. Pero precisamente por eso conviene preguntarse si resiste realmente un análisis crítico.
La realidad, sin embargo, es que el ataque del 3 de enero no representa ninguna ruptura sustancial con la forma en que Estados Unidos ha ejercido su poder desde que se consolidó como principal potencia imperialista a nivel mundial. Intervenciones militares directas, bombardeos selectivos, eliminación de dirigentes, guerras abiertas o encubiertas y operaciones destinadas a imponer cambios políticos forman parte de una práctica histórica sobradamente conocida. En ese sentido, lo ocurrido no revela nada esencialmente nuevo sobre Washington ni inaugura una fase inédita del orden internacional: responde, más bien, a una lógica de actuación que ha acompañado de manera constante a la política exterior estadounidense.
La agresión, por tanto, no fue novedosa ni inesperada. Y aunque es perfectamente posible que la administración estadounidense estuviera dispuesta a escalar el conflicto, ese escenario tampoco podría considerarse imprevisible.
Parece necesario recordar, a este respecto, que prácticamente hasta el pasado 2 de enero los propios dirigentes venezolanos decían estar preparados para afrontar, “rodilla en tierra”, cualquier intervención militar.
“Si Venezuela fuera agredida pasaría inmediatamente al periodo de lucha armada, en defensa del........
