Caracas no es Brest Litovsk: Una respuesta a la tesis que justifica la claudicación del gobierno venezolano
Cuba como contraejemplo histórico de resistencia antiimperialista
Ante la sucesión de concesiones que el Gobierno de Delcy Rodríguez está haciendo a los EE. UU., tras la agresión militar del pasado 3 de enero, algunos analistas han reproducido una justificación que pretende establecer una analogía histórica entre la firma del Tratado de Brest-Litovsk por parte de los dirigentes bolcheviques, en el marco de la I Guerra Mundial, y la situación que debe enfrentar el ejecutivo bolivariano. Se trata —afirma García Vera— de una analogía insostenible y que carece de fundamento.
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA
Tras la agresión militar de EE.UU. a Venezuela del pasado 3 de enero, se han sucedido en ese país una serie de decisiones políticas, económicas y diplomáticas de extraordinario calado, cuyo alcance y significado es preciso examinar a la luz de las evidencias disponibles.
Entre las principales medidas aprobadas por el Gobierno de Delcy Rodríguez, cabe destacar las siguientes:
– La aprobación de una reforma exprés de la Ley de Hidrocarburos que viene a satisfacer las exigencias de Donald Trump para la explotación de los recursos petroleros por parte de las transnacionales norteamericanas.
– Una Ley de Amnistía que beneficia a los llamados «guarimberos», responsables de graves crímenes cometidos durante campañas de terrorismo callejero, que ha sido acompañada de «una petición de perdón» hacia los amnistiados formulada por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.
– La recepción en Caracas, por parte de Delcy Rodríguez, del director de la CIA y de la jefa de negocios de Estados Unidos enviada por el macartista Marco Rubio para supervisar “la transición” en Venezuela.
– La eliminación de los precios máximos impuestos a productos esenciales para permitir que estos sean fijados por el «mercado».
– El corte de suministro de petróleo a Cuba, en un momento crítico provocado por el bloqueo energético impuesto por Donald Trump a la Isla, que está poniendo al pueblo cubano al borde de una catástrofe humanitaria.
– Y, finalmente, la visita a Caracas del secretario de Energía de Trump, Chris Wright, para encontrarse con la «presidenta encargada» del país latinoamericano y hacer públicos los nuevos acuerdos económicos para la explotación de los recursos energéticos del país en beneficio de las compañías estadounidenses. Según expresó la propia Delcy Rodríguez, la reunión con el representante de Trump se produjo con objeto de «establecer una asociación productiva, a largo tiempo, que permita una agenda energética que se convierta en motor de la relación bilateral entre ambos países» (1).
Estos hechos, junto a la abierta satisfacción expresada por Trump ante la evolución de los acontecimientos y sus palabras de reconocimiento hacia la presidenta Delcy Rodríguez, constituyen un conjunto de fuertes evidencias que abonan la tesis de que estaríamos asistiendo a una capitulación del ejecutivo venezolano ante las exigencias de Washington y a la entrega de la soberanía económica del país a los intereses norteamericanos.
Ciertamente, aceptar esta posibilidad resulta doloroso para quienes durante años hemos creído en la naturaleza antiimperialista del proceso bolivariano, compartiendo la expectativa de que Hugo Chávez había abierto las puertas de un futuro progresista para Venezuela. Resulta comprensible también, por tanto, que algunos, como el abogado y analista político grancanario José Manuel Rivero, planteen una tesis alternativa a la de la rendición de la cúpula venezolana: que no nos encontraríamos realmente ante esta claudicación, sino tan solo ante una «retirada estratégica», en una situación de extrema peligrosidad, con vistas a una futura e hipotética recomposición del proyecto.
BREST-LITOVSK: UNA PAZ ONEROSA EN EL MARCO DE LA INCIPIENTE REVOLUCIÓN RUSA
La tesis utilizada para justificar las medidas del Gobierno de Delcy Rodríguez plantea que la situación actual de Venezuela sería comparable a la que enfrentaron, en 1918, los dirigentes bolcheviques, cuando se vieron obligados a firmar el Tratado de Brest-Litovsk. Un tratado de paz oneroso, por el que Rusia pudo salir de la Primera Guerra Mundial cediendo territorios, población y recursos industriales a la Alemania imperial y que Lenin aceptó como una retirada forzada para salvar al incipiente Estado soviético que, a pocos meses del estallido de la Revolución, se debatía entre la vida y la muerte.
De acuerdo con esta analogía, el Ejecutivo venezolano estaría haciendo hoy algo similar a lo que hicieron los rusos en 1918, con el objetivo de «ganar tiempo y reorganizar las fuerzas revolucionarias», para «salvar al país de una aniquilación total» y conseguir la liberación de Nicolás Maduro y su esposa.
Este planteamiento, sostenido por José Manuel Rivero en su artículo “Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación”, que publica también este diario digital, es el mismo que defienden otros analistas y políticos, como el dirigente de IU Manu Pineda o el cofundador de la formación socialdemócrata Podemos, Juan Carlos Monedero.
En este punto conviene evitar el riesgo, muy frecuente en debates de esta naturaleza, de intentar sustituir el análisis concreto por la invocación genérica de supuestos precedentes históricos o de figuras revolucionarias del prestigio de Lenin. Lo pertinente no es la autoridad del nombre invocado, como si ello bastase para validar un planteamiento, sino evaluar si aquella experiencia guarda realmente alguna relación con la actual coyuntura venezolana.
Pasemos, pues, a analizar cuál es el grado de pertinencia que se podría atribuir a la analogía entre el tratado de paz de Brest-Litovsk y la situación que se vive hoy en el citado país latinoamericano.
Según afirma José Manuel Rivero:
«Lo que Delcy Rodríguez, como presidenta encargada, ejecuta hoy es una transposición dialéctica, salvando las distancias........
