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Aunque nos quieran cortar las alas

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26.03.2026

A la hora indicada todo estuvo dispuesto. El teatro abarrotado, un público entusiasta y expectante, bailarines diestros, ágiles; una puesta en escena impecable. 

La Sala Avellaneda del Teatro Nacional se vistió de gala el pasado sábado para acoger al Ballet Lizt Alfonso que desplegaba su obra Alas, un canto a la espiritualidad del ser humano que, tras su reciente estreno, fue merecedora del Primer Premio de Coreografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Sobre el escenario, tres bailarines ataviados con rojos trajes tejían una suerte de diálogo corporal, imitándose unos a otros. Una energía de coqueta provocación recorría el escenario y se impregnaba en el público. 

Entonces, de manera súbita, la luz se extinguió. Un silencio inquieto se apoderó de la sala. Al principio, una espera contenida. Luego,........

© Juventud Rebelde