CONCEPCIÓN CRUZ ROJO: Energía ¿Propiedad privada o bien comunal?
INTRODUCCIÓN
Tras el pasado gran apagón en la península ibérica del 28 de abril, todas las miradas están en saber cuáles han sido las causas siempre poniendo el foco en los aspectos técnicos. Pero, a poco de conocer algunos de ellos inevitablemente salen las características, el estado de privatización de las empresas, quien controla a quien, en un ámbito transcendental para la economía y la vida de la población. En esta reflexión analizaremos algunas de estas cuestiones técnicas que ya se saben sobre el apagón pero, sobre todo, trataremos de bucear en el entresijo de las eléctricas que nos lleven a conocer su grado de mercantilización, un bien común que igual que otras necesidades esenciales de la población es un mercancía en nuestro sistema capitalista. Y a partir de ahí veremos cómo la mercantilización de cualquier bien de uso, solo lleva al despilfarro, a la anarquía social y a la dictadura del capital, injusta y desigual para el pueblo.
Desde Andalucía cuando se habla de soberanía, hablamos de la necesidad del pueblo andaluz, como de cualquier pueblo del mundo, de tomar las riendas de su destino y para eso necesita poder. Un poder que integra diferentes poderes, en defensa, económico y político. Poder y soberanía se dan la mano, porque sin poder no podemos tener auténtica soberanía. Ahora nos interesa hablar de un tipo de soberanía, la energética, que como cualquier bien esencial para la población y la naturaleza debe ser rescatada para ella y para las generaciones venideras. Como decimos, libre de la mercantilización y el negocio capitalista.
La importancia de la energía en la vida humana, en cualquier ser vivo, es de sobra conocida, es tan esencial que debe formar parte de sus funciones imprescindibles, vitales. La alimentación tiene como fin último el intercambio de energía que se obtiene en las reacciones químicas que componen al ser vivo. No en vano, en las definiciones de ser vivo incluyen como características el que nace, a través de la reproducción; interaccionen sustancias que le proveen de energía, para su nutrición y crecimiento; se reproduzca y muera. Ya Engels resaltaba que la nota esencial de la vida era su intercambio permanente de sustancias, que cuando dejaba de producirse, ese ser vivo dejaba de existir1. Y es que ese intercambio que llamamos ahora metabolismo es, a la postre, obtener energía imprescindible para la vida. Los grupos humanos en su proceso evolutivo tuvieron que conseguir esos alimentos, esa energía, con el mínimo esfuerzo posible para la supervivencia del grupo. Una conquista sobresaliente de la sociabilidad de los homíninos fue la obtención de energía externa, el fuego. Esto provocó un cambio radical en la calidad alimentaria que requería, tras la cocción, un menor gasto energético del aparato digestivo, un ahorro que ayudó al impresionante desarrollo de nuestro cerebro y, con ello, a nuevas habilidades de nuestra especie.
Hace ya tiempo que desde distintos colectivos andaluces hemos llamado la atención de la importancia de la soberanía energética, engarzada, eso sí, con otras fundamentales como la política y militar que permita defenderla, porque sin poder, al nivel que lo vayamos consiguiendo, no podemos conquistar, conseguir trozos, cachos, de soberanía de todo tipo. Andalucía ha sido, y es, una tierra rica en todo tipo de recursos, uno de los motivos por los que a lo largo de la historia ha sido codiciada e invadida, y también lo es en fuentes de energía limpias y renovables: La energía solar; la eólica, no solo en tierra, también en el mar, sobre él y debajo de él, centrales maretrices; la energía de la biomasa, que en Andalucía se puede obtener de la generación que produce las grandes cantidades de desechos agrarios y de la limpieza de bosques y zonas forestales. La energía hídrica, que aprovechando los caudales de nuestros ríos, ha hecho que desde muy pronto se construyeran centrales hidroeléctricas. El hecho es que Andalucía se configura como una nación con inmensos recursos energéticos donde se ha desarrollado una tecnología, en distintos momentos históricos, para su aprovechamiento, pero que sigue teniendo un gran potencial.
Partiendo de esta base volvemos a preguntarnos ¿cómo es que con estas riquezas energéticas que suponen empleos de investigación tecnológica y directos en el sector no reviertan en la población andaluza? Contestamos que en una sociedad capitalista, y aún más en su fase avanzada imperialista, y aún más en periodos de crisis, emerge la anarquía social de la propiedad privada. Esto se debe a la contradicción entre las relaciones sociales de producción y el carácter privado de la propiedad, que hace que, a lo sumo, se llega a organizar una empresa o un conglomerado de empresas para ganar dinero y obtener plusvalía de la clase trabajadora. Pero se vuelve anárquica en la organización de las necesidades de esa sociedad porque su finalidad, la ganancia monetaria a consta de la explotación laboral, no permiten solventar esas necesidades sociales. Solo un Estado o gobierno que organice y socialice las necesidades esenciales, como la energía, el agua, la tierra o la vivienda, empezará a dar los pasos en la dirección correcta para solventar esa contradicción mientras avanza hacia el socialismo.
Este debe ser el objetivo para Andalucía, una nacionalización como paso previo a una sociedad libre de propiedad privada, especialmente en los bienes esenciales para la vida humana y de la naturaleza. Un horizonte que tenemos que plantear sin ambages, porque es ético y justo para el pueblo andaluz, para todos los pueblos del mundo. Pero antes debemos ir construyendo en distintas dimensiones nichos de contrapoder popular planteando colectivos comunitarios, comunas, donde se consiga autogestión energética, entre otros bienes de uso, desde una barriada que se autoorganiza, un pueblo o cualquier otra colectivo organizado. Para alcanzar esta meta debemos conocer, aunque sea brevemente, la situación y contexto histórico de las empresas energéticas en el Estado español y en Andalucía.
CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS ELÉCTRICAS ESPAÑOLAS
La electricidad en el Estado plurinacional español llegó con desigual distribución acorde al desarrollo capitalista desde finales del siglo XIX. Primero surgieron pequeñas compañías locales para abastecer a algunas ciudades o regiones, pero también otras más grandes. De estas empresas destacan Hidroeléctrica Española, S.L. (HE), fundada en Madrid en 1907, muy ligada a la compañía Hidroeléctrica Ibérica (HI), fundada en Bilbao, en 1901 por un ingeniero vasco y otros socios de Madrid y con capital del Banco de Vizcaya. Otra gran empresa, de la que luego hablaremos se funda en 1894, Sevillana de Electricidad. Hasta el primer tercio del siglo XX, fueron muchas las sociedades del sector energético, que alcanzaron gran proyección debido al desarrollo de la energía eléctrica en España y la construcción de Embalses y presas que generaba energía hidroeléctrica.
Tras el golpe fascista, el Estado centraliza la producción y distribución eléctrica a través de dos empresas públicas, con capital mayoritario del Instituto Nacional de Industria (INI): Enher (Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana), constituida en 1946 y Endesa creada en 1944. El control del Estado sobre este sector era fuerte, pero algunas compañías, como Hidroeléctrica Española o Iberduero, producto de la fusión de Hidroeléctrica Ibérica con Saltos del Duero, en 1944, operaban como grandes empresas privadas. El Estado intervenía,........
