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De San Sebastián a Boconó

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A más de dos semanas de los sismos del 24 de junio, es necesario dejar atrás la lógica de la noticia inmediata y asumir lo ocurrido como una advertencia, ya que la fragilidad con la cual Venezuela enfrenta esta catástrofe no puede pasar inadvertida.

La respuesta institucional existe, pero sigue mostrando límites importantes: las Fuerzas Armadas, Protección Civil, los Bomberos y los entes regionales se hacen presentes, despliegan funcionarios, habilitan refugios y participan en labores de atención. Sin embargo, todavía persiste una distancia preocupante entre la presencia oficial y la capacidad real para rescatar cadáveres, identificarlos, informar, coordinar recursos y responder con rapidez en todos los sectores afectados.

El problema no es afirmar que el Estado está completamente ausente, sino reconocer que su actuación continúa siendo desigual, centralizada, difícil de comprender y aún más difícil de evaluar. Se anuncian operativos y contingentes, pero la ciudadanía no siempre conoce qué organismo dirige cada zona, qué equipos especializados están disponibles, cuáles edificaciones han sido evaluadas, cómo se distribuyen los recursos ni bajo qué criterios se coordina la ayuda internacional.

En una emergencia, la información no es propaganda ni un complemento........

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